Habemus papam

Bueno, ya está. Ya ha habido fumata blanca en (casi) todos los ayuntamientos de España. Digo casi, porque queda alguno, como los de León o Segovia, en
los que algunos partidos deben de considerar que los votantes no saben elegir, y así quieren enmendar su voluntad en los tribunales.

En el resto, sobre todo los de mayor importancia, hemos asistido a una hoguera de las vanidades orquestada en Madrid, en la que se han quemado los votos y deseos de los ciudadanos (y no me refiero a ningún partido) para mercadear con sillones y acuerdos que muy poco tienen que ver con la voluntad de un pueblo cada vez más desafecto políticamente hablando.

En esta hoguera es muy frecuente que se quemen los logros y proyectos de equipos anteriores, con lo que la política, especialmente la municipal, se convierte en una especia de péndulo miope que no ve más allá de cuatro años, por lo que pueda pasar. Esta miopía es de tal calibre que se agudiza en el año electoral y así nos encontramos situaciones como la de este, en el que no tenemos ni presupuesto generales, ni autonómicos ni municipales en muchas de las grandes ciudades, como Zaragoza. No miran más que su sillón y se olvidan de que esos presupuestos son necesarios para inversiones en la ciudadanía y territorio que representan. Porque, no lo olvidemos, ellos representan a un pueblo, no son dueños de su escaño.

Entre tanta miopía y tanta hoguera, no se dan cuenta de que hay cosas que no pueden esperar, que no saben esperar. Y ya no solo es que familias estén por debajo del umbral de la pobreza, que es muy gordo. Se trata también de aquello que trasciende a la vida de un humano. Se trata de tener una idea clara y un consenso en cómo prevenir los riesgos naturales, que ya hemos visto que cada día nos están afectando más, cambio climático de por medio, y cómo conservar nuestro Patrimonio.

Las piedras no entienden de legislaturas y sillones. Entienden del paso del tiempo, entienden que una tromba de agua puede desencadenar un deslizamiento, provocar una arroyada que se lleve todo por delante, o tirar ese muro de aquella torre que llevaba tantos años con una enorme grieta pero que, como siempre ha estado así, aún podrá aguantar…

Habemus papam. Espero que las nuevas –y venideras- corporaciones locales no se dediquen a quemar todo lo de las anteriores y sean responsables con algo,
como el Patrimonio, sea cultural o natural, que nos afecta a todos, los que somos, los que fuimos y los que seremos. Es la herencia de nuestros antepasados que les dejamos a nuestros descendientes.

Geóloga / petróloga especialista en restauración


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