La riqueza salada

Estos días de atrás, una colega mía ha participado en las III Jornadas de Divulgación y Defensa del Patrimonio Geológico Turolense para poner en valor “Las Saladas” de Alcañiz. Y es que lo tienen, no solo las de Alcañiz, sino todas las de la zona central de la Depresión del Ebro. Y aquí, en el Bajo Aragón y zonas aledañas, contamos con un gran número de ellas.

Hace un tiempo organicé una excursión con escolares en la que, además de visitar el Monasterio de Rueda (y convertirlos en “detectives de marcas de
cantero”), les enseñamos el contraste entre el ecosistema fluvial, rico, exuberante, frondoso, y el semiárido de las Saladas de Bujaraloz-Caspe,
también rico, pero ni tan exuberante, ni mucho menos frondoso. Pero parafraseando a Confucio cada ecosistema tiene su belleza, pero no todo el
mundo puede alcanzar a verla.

No solo belleza. El paisaje semiárido del Bajo Aragón se ha de convertir en una oportunidad y no en una debilidad. La biodiversidad y geodiversidad que configuran el paisaje estepario de los yesos y limos terciarios con las zonas aluviales es único, casi comparable al contraste que supone el Nilo en el paisaje circundante. El turismo francés, por ejemplo, adora las Bardenas porque les parece de lo más exótico tener un desierto tan cerca de casa. Aquí ofrecemos desierto, vergel y poblaciones con una gran historia a sus espaldas.

Además, muchas de estas saladas están consideradas como “Lugares de Interés Geológico” (las propias de Alcañiz, y de Sástago-Bujaraloz, o las de Chiprana), que van acompañados de sus correspondientes ZEPAS y LIC’s. Quiere esto decir que, aparte de la propia protección que ya tienen, en sí ya son zonas de interés RECONOCIDO y que hay que potenciar, tanto científica como turísticamente.

Pero no solo es eso. Alrededor de las saladas se levantaron complejos de salinas como el de Sástago, un amplio conjunto productivo, que, según el SIPCA (Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés) consta de varios edificios; los conservados datan del s. XVIII -aunque existe constancia documental de su explotación desde el siglo XVI- e incluso de varios siglos atrás, y que pertenecieron al conde de Sástago. Estuvieron en explotación hasta la segunda mitad del siglo XX, de forma que algunos habitantes de Sástago todavía las pueden recordar en funcionamiento (y a los que habría
que entrevistar para no perder ese patrimonio etnológico). Se conservan tres edificios en estado ruinoso, el de mayor tamaño, que parece haber combinado las funciones de almacén y lugar de residencia de operarios, así como quizá de administración, un almacén de menor tamaño, probablemente la edificación más antigua e interesante del conjunto, y una pequeña construcción de carente de interés arquitectónico. Las infraestructuras de producción de sal, balsas y eras, se encuentran en la laguna propiamente dicha.

Todo este conjunto, saladas y salinas, son apenas conocidos, y mucho menos conservados. El edificio de las salinas tiene un potencial enorme como recurso
cultural y turístico, en un punto muy cercano a la autopista Zaragoza – Barcelona, y bien comunicado con centros de gran interés cultural y paisajístico a menos de una hora de coche, incluidos, obviamente, los del Bajo Aragón. Sin embargo, es una ruina en mitad del desierto ¿Estamos perdiendo la riqueza de las saladas?

Geóloga/petróloga especialista en restauración.


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