Los adoquines de la avenida Aragón

La avenida Aragón de Alcañiz presenta un estado lamentable. De mal gusto, muy mal gusto. Contenedores acumulados antiestéticamente en algunas zonas, bloques de cemento que parecen barricadas fronterizas creadas por el enemigo de lo feos que son, el firme del asfalto que no es firme, que está abultado y bacheado por todas partes. Sucia, abandonada, dejada. Y lo que es peor, los alcañizanos nos estamos acostumbrando. Es lo que hay. Parece ser que son las medidas anticovid del Ilustrísimo, que son las medidas para salvar la economía.

El aspecto de la avenida Aragón es el de una ciudad postindustrial abandonada hacia su deriva. Encima sin ser postindustrial.

La principal arteria urbana de Alcañiz en una sola dirección que obliga a realizar cerca de dos kilómetros para ir a un lugar que está a cuatrocientos metros, cuando se debe ir con un vehículo. Y eso contamina, porque son miles, sí miles, los kilómetros que se hacen de más cada día por estar la avenida Aragón cortada en un sentido.

Hay soluciones que pueden compatibilizar la vida de la hostelería con la estética y el compromiso anticontaminante, habilitando lugares donde poner las mesas de los veladores y haciéndolo compatible con un mínimo buen gusto.

El actual alcalde dice que estudió en Florencia y que es el modelo de ciudad que quiere para Alcañiz. Visto lo visto, dudo que haya estudiado, dudo que haya estado en Florencia y dudo que tenga un proyecto decente de ciudad. Porque la avenida Aragón es la calle más cuidada por el Ayuntamiento.

Sólo me queda algo positivo. El abandono me está permitiendo que cada vez que paso por la avenida Aragón pueda ver los adoquines que están bajo el asfalto. Esos adoquines los trajo mi padre con el camión que conducía. Y bajo los adoquines, ya sabemos, está la playa.


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