¿Volvemos a la normalidad?

Empiezo escribiendo aquí recogiendo el guante de mi estimado profesor de historia de BUP, al igual que hizo hace unos días mi ex-compañero de clase y amigo, Alejandro Reche. Y lo hago al mismo tiempo que se inicia este verano de 2021, un verano que la sociedad encara con entusiasmo y escepticismo a partes iguales.

Y es que para que engañarnos, todos tenemos ganas de llevar una vida normal, después de meses de incertidumbre y mucho sufrimiento, familias rotas, personal sanitario agotado, empresas en bancarrota, la crisis del COVID19 ha dejado a muchas personas tocadas, y el deseo de reconstruir la sociedad es unánime. Pero yo me pregunto ¿qué es la normalidad? ¿la que disfrutábamos antes de marzo de 2020? ¿realmente regresamos a ella?

Lo que está claro es que esta pandemia ha marcado un antes y un después. Y que a partir de ahora vamos a hablar del mundo pre-COVID19 y del mundo post-COVID19. Estoy segura que soltar las mascarillas, la distancia social y la vida casi monacal de estos últimos meses va a ser mucho más complejo de lo que podríamos imaginar para una gran mayoría de ciudadanos. Pero claro está la economía pesa mucho, muchísimo, y no se puede perder otro verano más.

Además en este tiempo pandémico la realidad ha estado siendo ciertamente distópica. Para mí, una seriéfila empedernida, han sido meses donde el miedo me lo ha generado más la situación anómala (calles vacías, estanterias de supermercado sin papel higiénico, ausencia de abrazos, confinamientos territoriales,...) que el propio virus, que para que engañarnos también me daba auténtico pavor. Y es que en cierto modo al salir de casa en muchas ocasiones tenía la sensación de estar viviendo alguna de las escenas que tanto me habían impactado en los primeros capítulos de “El cuento de la criada”, la serie distópica por antonomasia de HBO o en “Years and years” serie británica de línea similar. No desvelaré detalles por si algún lector no ha tenido la oportunidad de verlas.

En cualquier caso y aún con todo, el buen tiempo, nuestro carácter mediterráneo, un considerable ritmo de vacunación y el consecuente avance hacia la inmunización de grupo, hacen que nos relajemos más en nuestro día a día, aunque las noticias insistan en que no nos lancemos demasiado deprisa. La variante Delta es ahora la encargada de amargarnos a más de uno el café de la mañana.

Y como guinda del pastel, el confinamiento forzoso de los estudiantes en Mallorca, que a parte de dar material para cantidades ingentes de “memes” en internet, se ha convertido en la comidilla de todos los corrillos twitteros, en la portada de los noticiarios nacionales, y sin duda ha abierto la veda para el debate de si estamos acelerando demasiado esta vuelta a la normalidad, o si por el contrario debemos seguir usando la prudencia como ciudadanos responsables y echar el freno.

Y es que para una aragonesa, del Matarraña en concreto, que ha tenido que estar meses sin pisar su tierra y sin ver a los suyos, creedme que no hay cosa que desee más que volver a la normalidad pero sin liarla parda de nuevo y si llegan nuevas olas que sean al menos más sencillas de surfear esta vez.


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