Opiniones

OPINIÓN:

Amor, Roma, mora, ramo

La cuna es dónde duermen los bebés, pero la cunicultura no es la sabiduría referida a las cunas y quienes las ocupan, sino a las conejas y gazapos. Y sin temor a equivocarme observo que la justicia no está en las manos más capacitadas, ni mucho menos, sino en las de orates. Ay, el derecho romano, el natural. Un profesional, que no trate de robar, y sí de ser útil, como Sofía de Grecia, escucha a la clientela, y a la tropa leguleya, pero comprueba con su superior formación, que no se busca injusticia. Naturalmente lo primero que hará será verificar la información que se le cuenta, por sí mismo acudiendo a fuentes inequívocas. Lo segundo, contactar con las personas a perjudicar, para contrastar. Y finalmente, garantizará la justa contraprestación, entrega de bienes o servicios de recepción voluntaria, y precio cierto conocido de antemano. Si no es el caso, trasladar la pretensión al demandado para que la haga suya.

Y por supuesto quien contrate que pague todas las averiguaciones, no quien no ha sido injusto. Natza Farré, comisaria de la exposición, "feminista tenías que ser" hasta el 30 de noviembre en Barcelona, no concede tal atributo a quien protagoniza acciones de capitalismo depredador, como presidir un banco, ya que no reúne el requisito del objetivo de la igualdad entre iguales. Julia Otero retuerce las palabras, ante la proclamación del amor conyugal inquebrantable, que alcanza los treinta años, que realiza su colaborador económico. Y Marina Marroquí urde palabras para la discordia, ya que carece de la preparación para sembrar cohesión y respeto. Estos días siempre tengo moras y endrinas en el frutero. Y estoy preparando pacharán con un puñado de arañones, unos pocos granos de café no muy tostados, y un canuto de canela en rama, por cada 700 centilitros de anís. Por cierto, una docena de endrinas al día, durante un mes al año, limpia la vejiga, y reduce el riesgo de cólico nefrítico. Y en palabras de Enrique Villarreal Armendáriz "el drogas", contenidas en su libro infantil "Las zapatillas de volar": - Cálzate cada mañana, las ilusiones que te ha traído la noche-

Fase 2

No se fían de nosotros. Y con razón. Seguimos viendo actos de irresponsabilidad entre la población, jóvenes y mayores sin distinción. Los ocios nocturnos juveniles se llevan la palma, pero los paseos por los parques y calles de Zaragoza con la mascarilla a media asta es más de abuelos o gente de mediana edad.

Y como no se fían, en Zaragoza, para estas NO fiestas del Pilar nos bajan de categoría y nos meten en 2ª… Prevención, imagino, para evitar que hagamos lo que nos salga de los mismísimos bemoles, porque no podemos pasar sin salir de copas, ni de ir a restaurantes, ni reunirnos con un montón de personas con las que no convivimos, que a su vez se reúnen con otros montones de personas con los que no conviven. Los establecimientos hosteleros que cumplen con todas las medidas de seguridad son muchos, pero luego están los que se lo pasan por el arco del triunfo, y con tal de llenar la caja registradora, permiten entrar más gente de la permitida, a horas que no están autorizadas y sin exigir escrupulosamente que se sigan las medidas de seguridad.

Yo entiendo a los empresarios del ocio, y a los camareros, restauradores... Por supuesto que sus ingresos han bajado estrepitosamente, como el de muchos comercios y otros negocios, pero cuanto antes salgamos del peligro antes podrán trabajar al 100%. Pero la economía no puede estar por encima de la salud de todos.

Seamos responsables, que no somos inmortales y las enfermedades nos afectan a todos por igual, si no miren a EEUU. Su presidente se ha infectado, pero en un alarde de irresponsabilidad, ha decidido volver a la Casa Blanca, sin están curado, y poner en peligro a un montón de personas que están a sus órdenes.

Entre los que mandan mal, y los que no obedecen…

Buenos y malos

Hay mentes planas y sectarias que, únicamente, conciben dos opciones, o blanco o negro, no dando cabida al gris y, mucho menos, a otros colores; o buenos o malos, sin admitir matiz alguno. Naturalmente, ellos son los buenos y los que opinan diferente, los malos. Y cuanto más malos son los malos, más buenos son los buenos. Así, para blanquear a los nuestros se demoniza y descalifica al contrario, las más de las veces repitiendo falsos mantras que acaban por parecer
verdad al más puro estilo totalitario. Hablar bien de los malos se va a conceptuar como delito. ¿Lo será también hablar mal de los buenos?

Durante la II República, el Ateneo de Madrid sometió a votación entre sus socios la existencia de Dios. Por un solo voto, se impuso el no. Puede decirse que el Ateneo resolvió, democráticamente, que Dios no existe. De igual modo, las Cortes van a decidir por ley quiénes son los buenos y quiénes los malos, van a reescribir la historia seleccionando unos hechos y ocultando otros. Como en una democracia las mayorías parlamentarias cambian, la interpretación de la historia podría variar según la ideología dominante en las Cámaras. Cuando los políticos pretenden escribir la Historia hay que desconfiar de sus propósitos.

Hasta ahora, el pensamiento pertenecía al ámbito personal de las conciencias. Cada uno es libre de pensar como quiera. A lo sumo, algunos pensamientos se consideraban pecado por la Iglesia. Lo mismo que ciertas miradas. Pero ya no es así. Pensar en contra de la corrección política que se nos intenta imponer es delito. Lo ha dicho la ministra de Igualdad: “Quienes
piensan que la violencia no tiene género están fuera de la ley”. Asimismo, las miradas lascivas hacia las mujeres, además de pecado, son acoso. Difícil tarea la de los nuevos inquisidores para leer los pensamientos y juzgar las miradas. Si no se nos permite pensar libremente, también se prohibirá expresar estos pensamientos y opinar según nuestro parecer. Solapadamente y bajo la funda de ocurrencias -como la moción podemita en el Ayuntamiento de Collado Villalva para que los lunes sean “días sin carne” en colegios y restaurantes con el fin de concienciar sobre el maltrato animal y el cambio climático- se nos están coartando libertades. Nos lo tomamos a broma pero deberíamos preguntarnos hacia dónde nos llevan.

Sabiendo los regímenes que apoyan y los sistemas políticos que defienden, la respuesta es fácil.

¡Viva la república!

Recuerdo muchas veces a Molina, el alcañizano de adopción que en tiempos de Franco, sin ningún escrúpulo ni miramiento, ante las fuerzas vivas y a medio momificar del Régimen gritaba en la calle Alejandre, cuando la calle Alejandre era la calle Alejandre; ¡viva la república!, con un tono particular que alargaba la u mientras daba un derechazo torero, capeando al mundo entero que sólo él sabía ponerse por montera. Los que lo veíamos, no tan valientes como él sonreíamos con su gesto y con la cara malcarada de los franquistas.

Ahora son muchas las voces, sin la misma compostura de Molina, ni su saber estar, que se ponen a gritar en favor de la república y yo que conocía la república a la que jaleaba Molina, desconozco totalmente la República de la que hablan los que la ensalzan ahora. ¿Una república familiar y dictarorial como la cubana?, ¿una república hereditaria como la de Corea del Norte?, ¿una república popular?, ¿una república como la de los genocidas Mao o Stalin?, ¿una república federal?, ¿una república presidencial?, ¿una república de repúblicas?, ¿una república bananera?, ¿una república cantonalista?, ¿una repúbllica a lo Trump?,...

Los que gritan ¡viva la república!, deberían especificar, no vaya a ser que los de la república popular se encuentren con la de Trump o los que la quieren cantonalista se la encuentren presidencialista.

Mientras se van definiendo yo me quedo con la de Molina, que los dos sabíamos de qué iba. ¡Viva la repúúúúúúúúúúúúública!, con una verónica al alimón y a puerta gayola.

Okupas

Aunque hoy día pueda parecer imposible, hubo un tiempo, no tan lejano, en el que no se cerraban con llave las casas, sobre todo, en los pueblos. Lo ajeno se respetaba y las noticias sobre robos resultaban algo excepcional. Pero todo cambia y, poco a poco, los actos de latrocinio comenzaron a crecer y, para evitarlos, se hizo necesario adoptar medidas de seguridad.

En las fincas, se fueron imponiendo los porteros automáticos y, en los pisos, las puertas blindadas. Nos hemos habituado a esta clase de delitos y han dejado de sorprendernos. Lo indignante y vergonzoso es que esté sucediendo lo mismo con la ocupación de viviendas considerada ya natural en los anuncios de alarmas.

Los testimonios sobre este problema, algunos escalofriantes, se han multiplicado. Así, el dueño de un piso usurpado consiguió recobrarlo mientras los okupas veraneaban en Ibiza.

Ahora, puede verse denunciado por allanamiento de morada. O la mujer que se apropió de la casa de la anciana a la que cuidaba tras fallecer esta durante el confinamiento y a la que mandó incinerar sin el permiso de las hijas. Cada vez son más quienes, para impedir el asalto de sus propiedades, tapian puertas y ventanas y, en muchos lugares, se organizan en patrullas para hacer frente a los okupas con el peligro de que la gente empiece a tomarse la justicia por su mano.

Asimismo, han aparecido empresas especialistas en desokupaciones. Hasta el momento, solo sabíamos de incidentes anónimos pero, últimamente, se han visto también afectadas personas conocidas como una periodista de Telecinco, afín a los partidos valedores de los okupas. Gracias a la Guardia Civil, pudo recuperar su residencia. La operación se transmitió en directo.

La legislación española es muy blanda con este tipo de delincuentes que ya actúan por medio de bandas mafiosas y que, envalentonados ante la permisividad existente, campan a sus anchas invadiendo pisos y chalets mientras los propietarios se encuentran desamparados, por completo, frente a ellos, sin poder echarlos y debiendo seguir abonando los gastos de luz, agua, gas, etc. No cabe, pues, extrañar que el fenómeno se haya disparado escandalosamente. Un 41% en Barcelona donde el Ayuntamiento de Ada Colau ofrece talleres a los jóvenes para la “liberación de espacios” siguiendo teorías anarquistas y ha aprobado la ocupación de un edificio por antisistemas pagándoles, además, las obras de rehabilitación.

El mundo al revés. Como, erróneamente, dicen que dijo don Quijote, pues la cita es del Cantar de Mío Cid: “Cosas veredes, amigo Sancho, que harán hablar las piedras”.

Loa a Joaquín

Te he querido tanto que no te robaría las hijas ni aunque el mismísimo demonio me tentara con el sueldo de un profesor inmune al coronavirus, de por vida. Te querré siempre porque has amado con la pureza de las aguas del Guadalope a su paso por Alcañiz, desde Sabiñánigo hasta Estercuel, e invitar a la concurrencia, ávida de leer el libro que presentas, a recordar amantes y despechos, rezumando poesía, y alegría de vivir, como las opiniones en un periódico, del que alguien, en alguna parte, guarda un ejemplar, o lo encontrará entre las ruinas de un caserón de un pueblo abandonado, a salvo de las inclemencias meteorológicas, milagrosamente. Supe que te querría para siempre, cuando me regalaste el oído, mientras el vino añejo de las bodegas de Alacón, algunos guardados desde el nacimiento de cada hija, que ahora ya tiene nietos, me sorprendió en la fiesta de la comarca, y recordé a aquella maestra, que se excitaba cuando le instruía sobre sexualidad, y en sus desconocimientos beatíficos, creyó que aquello era el sexo oral, mientras tomando la iniciativa, contra lo que consideraba normal, me amonestaba dulcemente para que no siguiera, porque no era de piedra, y se le estaba haciendo insoportable no pasar de los dichos a los hechos, no queriendo pecar. Solo bastaba con no copular. Y eso nos hizo tocar el cielo, muchos días. Así te quiero yo, de Calatayud a la eternidad, recorriendo los pueblos que incluíste en tu canción, y todos los demás, mojándonos el culo, o arremojandonos la tripa en Fraga, al son de Labordeta. Te quiero, y nada, nunca, nos podrá separar. Y quien te honra, tiene un amigo en mí.

Dictadura del proletariado

¿Cuánto iban a tardar las neuronas en asociar el paso de la dictadura de los más capaces, pocos, a la dictadura de los menos autónomos, poniéndose violentos, mayoría, y disfrazarlo, como se camufla una depredadora, que sólo sabe ponerse violenta, y encima llamarlo, democracia, la tiranía de quienes viven sin méritos de los excedentes de los más industriosos? El relevo generacional y la evolución profesional, no encuentra sus cimientos en las instituciones escolares generalistas. Bastaría que el alumnado propusiera que cada profesora tuviera que examinarse con ellos, de los contenidos de cada examen, eligiendo uno de entre varios traídos por ellos, y autenticándolo una vez completado con alguna marca que impida sustituirlo por otro, y que ella los corrija todos, y todos vuelvan a los alumnos para verificar la correcta valoración, incluído el de la profe. Una verdadera maestra, por ejemplo una escultora, muestra como completa una escultura, y las aprendices perciben, practican y aplican lo comprendido. Y conviene que haya trabajo para todos los aprendices. La justicia vuelve a estar al nivel de la inquisición, con titulares que no solo no persiguen a quienes roban, y tratan de evitar el robar, sino que obran como en lo que en la dictadura era un chiste, por contradecir la realidad: -vi a cuatro brutos enormes (mayoría) pegando a uno pequeño (minoría) para robarle. Al ver aquello me indigné, fui para allá... y le pegamos una paliza entre los cinco y le robamos el dinero y el bocadillo- Vamos lo que hacen en las administraciones públicas, cuajadas de colocadas por las políticas que reciben los votos de la mayoría, robar a quien saben que tiene dinero, obtenido con sus méritos, aglutinando a mayorías de ladronas y violentas. Y cómo verdaderas charlatanas y quienes hablan por no callar, las unas disfrazan su ignorancia, tratan de engañar y sacar el dinero con embustes, o largan verborreas, que evidencian que no están más que para vivir a costa de otros, y cada vez más, robando, por el juzgado, o mediante delincuentes comunes. Vuelven a divulgarse los envenenamientos políticos, que parecían antediluvianos. Y de la anacrónica dictadura del proletariado, al despotismo de vagos y haraganes, ni siquiera ilustrado. Pronto obtendrán mayorías absolutas cada vez más abrumadoras, si no lo remedian quienes nos enseñen a respetar los bienes ajenos obtenidos sin robar, a todas, y a no robar niñas, a nadie.

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