Opiniones

OPINIÓN:

Los pilares de la tierra

Evitar la “violencia de género” sin disuadir de robar, es cómo pretender curar una enfermedad con cubalibres, tal y cómo llegarían a pensar médicos metidos a políticos.

Las parejas que han llegado a disfrutar de lo bueno que está en el mercado, sin presión ninguna, concluían que si las retiraban, mucho mejor que trabajar, en lo que habían comprobado de más y de sobra, que era tóxico, penoso y peligroso, y que eso de realizarse trabajando y otras flores, no tardaban en marchitarse.

Si procuráis que los integrantes de la ciudadanía, sean mal educados y corrompidos en sus costumbres desde la niñez, para colocar a muchos de castigadores de inocentes, cuando
sean adultos, cometiendo delitos que ya desde su infancia se preveía tendrían lugar, ¿qué otra cosa hacéis más que engendrar maltratadores de quienes les aventajen en educación o
les descubran en su corrupción? Basta con que se sientan encubiertos.

Es todavía común el aceptar colocación, sin saber de dónde provienen los fondos, que pagan las nóminas y nutren los presupuestos, que remuneran las colaboraciones y gastos varios.

Del mismo modo que se dan cursos y conferencias, que no habilitan más que para beber del flujo de dinero, que reciben y distribuyen las administraciones públicas.

Producción de bienes y servicios, para nada, que ya producen otros.

Y en este estado de la idiosincrasia, no es extraño que se ponga el grito en el cielo por el gobierno, el número de huérfanos por desestructuración de familias, cuantificándolos en
treinta, como si fueran trescientos, cuando cada vez que les priva de padre, huérfanas son, con el agravante de quedar custodiadas entre vagos, maleantes y ladrones.

Que no hay que caer en antagonismos, cuyo origen primigenio, está en el: tonto; tonto tú, soy un espejo, soy tu reflejo. Está muy bien la estructura de roles y puestos, sean estorbos,
malvadas o generadores de bienes y servicios. A lo que hay que dirigir esfuerzos y capacidad planificadora, es a que cada puesto sea ocupado por muchos, y por tanto cada persona dedique parte de su vida a diferentes quehaceres, sean estorbos o útiles. Así se minimizarán las lacras, que en su mayor parte surgen de atreverse a robar, embaucar, manipular, malmeter y tergiversar. Y es que el cinismo está alcanzando cotas apocalípticas.

Donde dije digo...

La semana inmediata a las elecciones fue frenética en cuanto a noticias y mudanzas de actitud. Lo que se escribía un día ya no servía al siguiente. Quien no dimitía por la noche lo hacía la mañana después. Quien, durante meses, se negaba a aceptar la entrada de los comunistas en su futuro gobierno y no se cansaba de repetir que tal circunstancia le quitaría el sueño a él y al 95 % de los españoles y solo aceptaba su apoyo sin contrapartidas, a las 36 horas de conocerse los resultados electorales, cambia de parecer y pacta con ellos accediendo a sus exigencias de tener una importante presencia en el ejecutivo. ¿Para esto hemos vuelto a las urnas? O ya estaba acordado de antemano y los continuos rechazos estivales fueron un paripé para convocar nuevos comicios convencidos de que aumentarían sus escaños y, juntos, alcanzarían la mayoría absoluta; o se han asustado -tras perder entre los dos cerca de millón y medio de votos- del auge del tercer partido situado en las antípodas ideológicas; o se trata de otro ardid a fin de obtener el respaldo incondicional de la segunda fuerza parlamentaria y gobernar así en solitario que era su propósito desde el principio. ¿Cuántas veces ha virado su opinión sin importarle otra cosa que mantenerse en el poder al precio que sea? Y ¿qué patética imagen estamos ofreciendo al exterior?

Los políticos piensan que carecemos de juicio crítico y que pueden engañarnos fácilmente y sin consecuencias. Aunque siempre hay gente a la que no le importa que le engañen e, incluso, que disfruta dejándose engañar; nunca faltan masoquistas. Todos los partidos se comportan como sectas a sabiendas de que una gran parte de sus acólitos acata ciegamente las directrices del líder sin importarles los casos de corrupción o que sus decisiones y ocurrencias varíen de dirección como las veletas. Todo se ha de ver según el color del cristal del jefe que, una vez elegido o puesto a dedo, ejerce un control absoluto sobre la formación. Y nadie se atreve a discrepar, al menos, en público. Ya se sabe que quien se mueve no sale en la foto. Del jerarca supremo depende la confección de las listas electorales y al militante díscolo se le aparta y se le castiga sin cargo. En Alcañiz, en las elecciones de abril, vimos un ejemplo de ello. Lo expresaba Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.

EMPONDERAMIENTO

Se coser botones perfectamente. Es más: sé coser botones, meter bajos de pantalones, bordar, hacer punto y ganchillo, coser cortinas, trajes de baturra y baturro…

Oye y además se manejar con cierta soltura las herramientas para el bricolage casero, el taladro, la lijadora, la sierra de calar, la grapadora. Sé también montar muebles de Ikea (o cualquier otro que venga a cachos y con los tornillos aparte, de los que por cierto nunca me sobra ninguno). Sé interpretar planos de arquitectura y otros, tengo una buena orientación temporo espacial y no me pierdo si voy al monte a coger setas, por ejemplo. Los planos de carreteras se me dan muy bien, y soy la perfecta copilota.

La cocina me dicen que no se me da nada mal, y lo mismo te hago una conserva salada que dulce y te guiso un pollo.

Siempre he trabajado fuera de casa, y he tenido dos hijos: Aún a punto de cumplir 60 años sigo haciendo cursos para mejorar en mi trabajo. Me gusta aprender cosas nuevas.

Leo bastante, tanto prensa como libros, y me gusta estar enterada de lo que pasa por el mundo.

Tengo curiosidad, empatía, resilencia, mucha paciencia y soy de natural optimista. Y también intento ser solidaria.

Tengo amigos entrañables y una gran familia a la que quiero muchísimo.

Pero para la señora de VOX, lo principal, es que se coser botones, Eso es lo que más me ha emponderado en la vida, fíjate tú, y yo sin saberlo…

Dios blanco

Eran nuestros mejores amigos, y eso nos llevó a menospreciarlos. Nos ofrecieron amor
incondicional y nuestras neuronas construyeron desconsideración, y les robamos sin
miramientos. Amor con amor se paga, o vendrá el hombre del saco.
Los mejores amigos de la política evolucionada, más allá de personalismos y lo que cada
cerebro reclame, por sí o en conjunción con otros, en el momento actual son: ¡Teruel
Existe!, son el futuro, cada grupo de personas en el que su representante podría ser
cualquiera de los 16.000; EH Bildu, que busca la reparación de los daños causados a las
personas de bien, para que no se vuelvan a repetir abusos guiados por metafísica
artificiosa; PNV, por haber encajado el golpe a Ibarretxe, y seguir trabajando; BNG, por
haber resurgido de sus cenizas, con proyectos renovados; PRC, porque lo quieran o no,
personas como Miguel Ángel Revilla, son necesarias, aunque claro que no hay que clonarlo
y que extinga a otras especies, como hacen los siluros; Más País, porque aunque se hayan
separado, no roban hijas ni patrimonio; Unidas Podemos porque sus líderes han formado
un hogar, y pronto tendrán una líder, para que Ana Blanco no tenga que repetir lo mismo,
que mucho feminismo e igualdad y sois cinco machos, colegas; Ciudadanos, porque tienen
que rehacerse con Inés Arrimadas como líder, si quiere, y ya serían dos de cinco, para
recuperar su esencia primigenia y así honrar a Rivera para que pueda seguir haciendo
política hasta que emule a Terminator, el bueno, que le estrujaron en el 85 pero sigue
protegiendo 34 años después; y el partido del presidente que abronca a sus seguidores en
la noche electoral, que solo le faltó invocar a Extremoduro en aquel disco recopilatorio con
una bomba esférica en la portada. Ahora de momento servirá para hacer presupuestos,
cuatro años, otorgando a cada cual la libre y total gestión de la parte proporcional de los
ingresos del Estado, sin dejarse seducir por la voluntad de la mayoría que supusiera
discriminar a las minorías en los derechos fundamentales y la cobertura de los servicios
mínimos. Empresariado, no creo que el gobierno atente contra quienes crean riqueza y
empleo. Ana Oramas que siga ejerciendo, es muy válida. Los partidos catalanes que sigan
investigando como gestionar mejor su hacienda sin independentismo. PP que haga el firme
propósito de no volver a las andadas. Vox que cuide de las familias honradas, sólo con eso
merece gobernar, aprenderá a encajar todas las acciones, incluso para que no se repita lo
de James Rhodes.- “El diccionario de la RAE contiene 88.000 palabras. Pero nunca podría
combinar ninguna de ellas, lo suficientemente bien, como para explicar, cuanto quiero
golpearte con una silla. 7:11 20 abril 2019. (Al día siguiente) Pido disculpas si mi respuesta
a Abascal ayer fue demasiado agresiva”. Y ya, el Estado cuenta con la capacidad para evitar
la ruptura del territorio indivisible, así que esos pocos dirigentes, indulto ya.

Ya hemos votado

Ya hemos votado de nuevo. La tercera vez en poco más de seis meses. Y han sido las cuartas elecciones a Cortes en cuatro años. En mayo, se hubiesen podido concentrar en un único día las elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas y nos hubiésemos ahorrado algunas decenas de millones de euros. Pero ello no convenía a los intereses del partido gobernante y se celebraron por separado. Después de medio año, los partidos o, mejor dicho, los políticos que dicen representarnos y procurar nuestro bienestar, se han mostrado incapaces de guardar sus egos y de ponerse de acuerdo para formar un gobierno fuerte y estable que pueda hacer frente a la crisis que, según todos los indicios, tenemos en puertas.

En los países de nuestro contexto político, los gobiernos de coalición son algo habitual. Y si en las autonomías se han conseguido, ¿por qué, a nivel nacional, no ha sido factible? ¿Quizá porque repetir las elecciones generales, supuestamente, iba a aumentar la ventaja electoral de los huéspedes de la Moncloa? No ha ocurrido así. Prácticamente, todo sigue igual.

Unos partidos han subido y otros han bajado pero la suma de cada bloque apenas ha variado. Hay que felicitarse por el diputado y los dos senadores de Teruel Existe, la fuerza más votada en nuestra provincia.

Ahora tendremos una voz en las Cortes y, dada la dificultad para componer mayorías que faciliten la gobernabilidad, puede vender caro su apoyo y obtener mucho para nuestra tierra.

¿Se repetirán las elecciones en primavera o, esta vez, nuestros políticos sí alcanzarán un pacto? ¿Habrá gobierno “Frankenstein” o nos sorprenderán con una gran coalición entre las dos formaciones mayoritarias, como en Alemania? Allí, cuando ninguno de los dos grandes partidos, el Democristiano y el Socialdemócrata, han logrado por separado los respaldos necesarios para gobernar, se han coaligado entre ellos. En España, esto es muy difícil, por no decir imposible.

También, se debería exigir coherencia a quienes han propiciado la repetición de los comicios pues no solo no se han cumplido sus expectativas de crecer sino que han perdido votos y escaños.

Además del gasto ocasionado. Lo lógico sería dimitir. Pero dicho verbo no existe en el diccionario de nuestros políticos. Se aferran a su cargo como una lapa. A pesar que casi nada ha cambiado, lo importante es que la ciudadanía ha hablado libremente y ahora corresponde a los elegidos actuar con responsabilidad. ¿O es mucho pedir?

"¡Votad malditos!...

… pero bien”, pensará a estas horas Pedro Sánchez.

Después del: “Con Rivera, no” que le corearon en Abril los militantes del PSOE y viendo frustradas sus opciones de pactar “con Rivera, sí”. Andará preocupado a estas alturas de la campaña viendo que sus sumas no salen… ¿o sí?

Porque damos por sentado que todo el nudo que nos ha conducido a estas nuevas elecciones ha sido el nulo interés, que siempre ha tenido, de pactar con la izquierda y el (mal)disimulado interés que tenía por pactar con la derecha naïf.

Pero puede que a él le importe muy poco con que derecha pactar, y esté buscando un sustituto a Ciudadanos ahora que se hunden y ese globo se desinfla. Pudiendo ser que el recambio, sea su otrora “gran rival”; los populares. Y ambos juntos por la causa se alíen para salvar al país de: una ley de vivienda que garantice el precio de la misma, de una reforma laboral que nos devuelva derechos, de una reforma de las pensiones que revalorice las pensiones con el IPC, de una fuerte inversión en educación y sanidad pública. De un sistema que garantice que se aplica de forma eficaz la Ley de Dependencia, de una reforma estructural que acabe con la pobreza infantil y que se regularice el precio de la luz, a la par que se acaba con las puertas giratorias.

Tal vez, de todo eso nos prevengan el PSOE y el PP, si la suma sale este próximo 10N. Evitando así que Unidas Podemos influyamos en el gobierno y queramos que se cumplan todos los artículos de la Constitución: los que hablan del derecho a la vivienda, de unos servicios públicos, de pensiones, de trabajo y no solo del 135 y el 155.

Intranquilo estará Pedro Sánchez, pero suerte que los votantes hemos entendido su mensaje y sabemos que es lo que nos jugamos en estas elecciones y a quien no debemos votar, por “nuestro” bien.

Magia

El mago abrió el libro de los conjuros y comenzó a recitar sus versos. Movía las manos y los brazos siguiendo un ritual mil veces repetido, mientras modulaba su voz tratando de mantener viva nuestra atención. En un momento dado, invitó a salir a una persona del público, y esta cogió el libro y leyó unas fórmulas que repetía una y otra vez como una letanía.

Muchos de los asistentes, que ya conocían el número de magia, repetían los versos con una cadencia casi hipnótica. Otros observábamos el espectáculo en silencio, seguros de que todas esos sortilegios que invocaban a un ser superior eran tan solo eso, un truco de magia.

Poco después, el hechicero se dirigió hasta una mesa, empezó a mezclar con esmero ciertos productos, los colocó en un recipiente metálico, prendió fuego a la sustancia y un humo espeso que desprendía un agradable olor comenzó a esparcirse por el lugar. Entonces, descendió unos escalones y se acercó al ataúd de mi madre. Sin dejar de agitar el objeto metálico que no cesaba de emanar ese atrayente aroma, iba dando la vuelta al féretro mientras continuaba recitando el hechizo por el que pretendía imbuir en el inerte cuerpo la quimera de la vida eterna.

Pero, en realidad, la auténtica maga era mi madre. Porque ella sí que supo durante toda su vida realizar los mejores trucos en la intimidad de nuestro hogar. Me encantaba el truco del trilero que no se cansaba de repetir todos los días, por el que en los tres platos de comida que había encima de la mesa, el de ella, el de mi padre y el mío, el mejor trozo de comida siempre aparecía en el mío. Y el truco de los ovillos era fantástico; yo le iba a comprar unos ovillos de lana y al día siguiente se habían convertido en una amorosa chaqueta, en una cálida bufanda o en un divertido gorro con su preciosa bola en lo alto. Y cuando caía enfermo, se esmeraba en prepararme las mejores pócimas para curarme lo antes posible. Y cuando crecí y llegó el momento de volar para estudiar fuera, me demostró que era una maestra en el truco del escamoteo; tenía una habilidad pasmosa para escamotear el dinero de sus cosas, con tal de que a mí no me faltara una buena educación.

Pero, ingrato de mí, muchas veces le reproché que su magia no alcanzase para aprobar la manera en la que yo había decidido vivir mi vida. Sí, qué ingrato. Tantas veces me enfadé con ella y me olvidé de que, a pesar de ello, pese a que yo no he vivido de la forma en la que ella había deseado, a pesar de todos los disgustos que le di, fue capaz de hacer el truco más espectacular: seguir queriéndome incondicionalmente, y estando yo seguro, además, que ella habría dado su vida por mí en cualquier instante si hubiera sido necesario. Y esta noche miraré al cielo infinito sabiendo que si bien en él tan solo vagan estrellas y planetas, la magia con la que mi madre alegró nuestras vidas ha quedado esparcida en el universo.

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