Opiniones

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Hemos hecho los deberes

La mayoría hemos seguido al pie de la letra todas las recomendaciones dadas por ese "supuesto comité de expertos médico- científico, inexistente".

-Hemos estado confinados en casa.
-Hemos cerrado nuestros negocios o paralizado nuestros trabajos, revisando nuestra economía por si esto se alargaba "ad aeternum", como así está siendo.
-Hemos estudiado, trabajado, y enseñado a nuestros hijos de manera telemática.
-Hemos tenido a nuestros hijos alejados de guarderías, colegios, universidades y zonas de recreo y ocio por temor al bicho y por estar todo cerrado.
-Hemos salido sólo a las horas y en las condiciones obligadas. Guardando distancias de seguridad, usando geles hidro alcohólicos, llevando mascarillas e incluso confeccionándolas al modo casero, cuando no podíamos salir ni a por gomillas ni telas.
-Hemos limitado nuestra asistencia en aforos, entierros, y visitas a residencias.
-Hemos salido a la compra semanal armados con la guerrera, guantes y cascos como si fuéramos a un campo de batalla a librar una lucha contra una futurista guerra bacteriológica y con el temor siempre, de no traernos un intruso a convivir con nuestra familia, pues nos habríamos sentido terriblemente culpables de haberlos puesto en riesgo por un vil descuido.
-Hemos cancelado citas médicas y revisiones periódicas de menos gravedad por temor a acudir a Centros de Salud y hospitales.
-Hemos cancelado nuestros planes, viajes, reuniones, fiestas, celebraciones.
-Hemos limpiado nuestros hogares de manera exhaustiva y aprendido acerca de mil y un productos desinfectantes.
-Hemos lavado y frotado nuestras manos hasta casi erosionarlas, como si nos fuera, literal, la vida en ello.

Lo hemos hecho casi todos, excepto los cuatro chulillos de siempre que se veían más guapos llevando la mascarilla colgada de la oreja a modo de pendiente, a quienes por cierto, no guardo rencor, pues en cierta manera, casi es comprensible después de tanta espera, y también excepto....

...Los políticos, que ellos han hecho lo que han querido, como hacen siempre, pero así, con todo el mundo encerrado, con la boca tapada y sin protestar por miedo, pues mucho más tranquilos.
Lo que sí han hecho, y de maravilla, ha sido:
LAVARSE las MANOS.

-Se han lavado las manos, pasándole la papeleta a un supuesto "Comité de científicos y médicos expertos" (que en realidad ha sido Illa y Simón...y res mes).

-Se han lavado las manos, pasándole el marrón y las decisiones a las CCAA, cuando se trataba de una pandemia mundial y se supone que era el Gobierno Central quien debía estar llevando el control, el mando y la coordinación, manejando las riendas, sobre todo cuando hemos perdido cerca de 50.000 compatriotas, miles de empresas, e incrementado el paro en cantidad astronómica.

-Se han lavado las manos, pasándoles la responsabilidad a la ciudadanía, ahora, que si surgen más rebrotes es porque sabemos mejor, porque se hacen más tests, que el bicho sigue aquí, que nunca se ha ido y que va a tardar muchísimos años en irse, con vacuna o sin ella.

Sigan lavándose las manos, falta les hace, pues ni con el mejor jabón del mundo se podrán quitar de encima, ni la desidia, en prever lo que venía, ni la incompetencia a la hora de aprovisionar material, infraestructura y personal para los hospitales, ni la dejadez para no mantener una buena coordinación a nivel de administraciones, ni las cifras del número de contagiados y muertos que se ocultaban y se malinformaban a los medios de comunicación con el espúreo fin de intentar ocultar su ineficacia a todos los niveles.

No se de qué se ríen. No se por qué se aplauden. Nosotros hemos hecho los deberes...y ustedes???.

Homenaje a Juan Marsé

Estas son las veintiséis novelas y veintiséis películas que este hombre excepcional eligió antes del cambio de milenio.

Campanadas a medianoche. Orson Welles, 1965, basada en diversas obras de Shakespeare. Frankenstein or the modern Prometheus, Mary Shelley, 1818. Frankenstein, James Whale, 1931. Notre-Dame de París, Víctor Hugo, 1831. El jorobado de Notre-Dame; o Esmeralda la zíngara, William Dietrerle, 1939. Moby Dick, Herman Melville, 1851. Moby Dick, John Huston, 1956. Great Expectations, Charles Dickens, 1861. Cadenas rotas, David Lean, 1946. Las aventuras de Alicia, en el país de las maravillas, Lewis Carroll, 1865. Alicia en el país de las maravillas, Walt Disney, 1951. Guerra y paz, Lev Tolstoi, 1869. Guerra y paz, King Vidor, 1956. Whashington Square, Henry James, 1881. La heredera, William Wyler, 1949. La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson, 1883. La isla del tesoro, Victor Fleming, 1934. El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, Robert Louis Stevenson, 1886. El doctor Jekyll y míster Hyde, Rouben Mamoulian, 1932. Drácula, Bram Stoker, 1897. Drácula de Bram Stoker, Francis Ford Coppola, 1992. El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad, 1902. Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979. Sangre y arena, Vicente Blasco Ibáñez, 1908. Sangre y arena, Rouben Mamoulian, 1941. Tarzán de los monos, Edgar Rice Burroughs, 1914. Tarzán de los monos, W.S. van Dyke, 1932. Una tragedia americana, Theodor Dreiser, 1925. Un lugar en el sol, George Stevens, 1951. El halcón maltés, Dashiell Hammett, 1930. El halcón maltés, John Houston, 1941. Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell, 1936. Lo que el viento se llevó, Victor Fleming, 1939. Las nieves del Kilimanjaro, Ernest Hemingway, 1936. Las nieves del Kilimanjaro, Henry King, 1936. Stage to Lordsburg, Ernest Haycox, 1937. La diligencia, John Ford, 1939. El tercer hombre, Graham Greene, 1950. El tercer hombre, Carol Reed, 1949. Al este del Edén, John Steinbeck, 1952. Al este del Edén, Elia Kazan, 1955. D’entre les morts, Pierre Boileaud y Thomas Narcejac, 1954. Vértigo, Alfred Hitchcock, 1958. Lolita, Vladimir Nabokov, 1955. Lolita, Stanley Kubrick, 1962. Doctor Zhivago, Boris Pasternak, 1957. Doctor Zhivago, David Lean, 1965. El gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, 1958. El gatopardo, Luchino Visconti, 1963. A sangre fría, Truman Capote, 1966. A sangre fría, Richard Brooks, 1967. 

“Y no seas tan pesimista. Al fin y al cabo no es tan horrible. Tú sabes lo que ha dicho ese individuo: en Italia, durante treinta años, bajo los Borgia, tuvieron guerras, terror, asesinatos y derramamiento de sangre… pero produjo a Miguel Ángel, a Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron un amor fraternal, quinientos años de democracia y paz. ¿Y qué produjeron? El reloj de cuco” (Harry Lime a Holly Martins, en el tercer hombre).

Los inmortales

Una gran parte de la población debe creer que es inmortal. Me refiero a esos que van a cara descubierta por la calle, sin las mascarillas que protegen a los demás, y que, evidentemente, no deben tener miedo a que el resto de las personas vaya sin mascarilla como ellos, esparciendo sus miasmas por donde quiera que vayan.

Yo no sé cómo hay que decirlo para que estos seres inmortales lo entiendan. Yo no soy inmortal y, por lo tanto, creo que los demás tampoco, así que con el gesto de guardar la distancia social, lavarme las manos y llevar mascarilla protejo a los demás, y espero que los demás hagan lo mismo por mi.

Ni me siento coartada en mi libertad, ni creo que con los gases que exhalo me envenenen (los sanitarios, dependientes y todos los que trabajan de cara al público llevan mascarillas toda su jornada laboral y no se quejan mas que de los salpullidos que tiene en la cara del roce), ni tengo problemas respiratorios por llevarla, ni nada por el estilo.

Los que llevan la nariz fuera de la mascarilla… hace unos días me dijeron que seguramente será porque les huele el aliento (ironía), y que no se aguantan ni ellos.

A los del codo, la frente o la papada… que eso no suelta virus… que lo que hay que tapar es la boca y la nariz… y además todo el rato, no vale subir y bajar la mascarilla a demanda.

Precisamente ellos, los inmortales, son los que ahora se quejan de que estamos en fase 2 de nuevo. Le hemos de dar las gracias por ir sin mascarilla, juntarse muchos a la vez, sin la distancia social, beber todos del mismo cubata en los botellones, las peñas y en reuniones. Los bares serán agradecidos también y les invitarán a una caña, en la barra, por supuesto, para celebrar que tienen menos aforo y menos clientes de los que saben que no son inmortales y se cuidan y cuidan a los demás y deciden ir menos al bar.

Otro agradecimiento les debemos a los que hacen posible que los temporeros de la fruta malvivan hacinados en cuchitriles sin las mínimas medidas de seguridad, a los que viven en zonas con brotes fuertes, y se desplazan a otros sitios sin necesidad.

Se pueden poner en duda y criticar muchas de las medidas del gobierno en torno a este tema, pero lo mollar, lo básico, es cuestión nuestra, lo hemos de hacer nosotros. No necesitamos un policía detrás de cada uno para obligarnos a ser conscientes que no somos inmortales.

La concejal Beatriz Altaba

Hace ya unos meses estaba hablando y analizando a cada uno de los concejales de la nueva corporación. Al llegar al nombre de Beatriz Altaba, el político con el que hablaba zanjó muy pronto su opinión con contundencia: “esta no se entera”. Entonces no contesté porque carecía de elementos de juicio. Ahora ya puedo contestar y quiero. Si el Ayuntamiento dispusiera de media docena de concejales como ella, Alcañiz en vez de un vertedero sería una ciudad espléndida, amigable y con futuro.

Es sorprendente la capacidad de trabajo que tiene y su disposición. Avisa por todas partes donde puede de los lugares de recogida de basura de gran volumen. Si sabe de un puesto de trabajo, lo comunica para que cualquiera pueda optar a él, si hay que recoger basura, se remanga y es la primera. Si una persona dice que dónde puede dejar un frigorífico viejo y Beatriz no lo sabe, se va a buscar el lugar y le informa a la persona (que bien podía haber ido ella). Si alguien ha perdido unas llaves, ya está Beatriz pregonándolo para que no tenga que llamar al cerrajero. Si un desfibrilador no funciona, le informa al concejal, que es el que cobra para preocuparse y no sabe ni dónde está. Son algunos ejemplos de su preocupación desinteresada y desvivida por los ciudadanos. Beatriz entró al Ayuntamiento para servir al ciudadano y ese debe ser el mantra que se repite cada día cuando se levanta (si es que se se acuesta para dormir).

Quien me dijo "esta no se entera" debería tomar nota para irse enterando de que ella es la que está cumpliendo con su compromiso y quien no se entera es él.

El espíritu de Beatriz es el de los sanitarios llevado a la política. Se desviven por quitar la enfermedad del paciente, por eliminar el dolor, sea amigo, enemigo, conocido o desconocido. Si luego hay que discutir, ya discutiremos.

Estas palabras se las debía cuando callé ante el político que me dijo "esta no se entera".

Rebrotes

Parece que no aprendemos y por ello vamos hacia atrás como los cangrejos. Somos muy flacos de memoria, como decía Julián de Susana, en la zarzuela La verbena de la Paloma.

Ya no nos acordamos de la tragedia sufrida y, todavía, latente y obstinada en no desaparecer y que ha causado la pérdida de casi de 28.500 vidas, según el cómputo del gobierno. De aplicarse las pautas de la Organización Mundial de la Salud, dicha cifra alcanzaría las 50.000.

El gobierno cuenta, únicamente, los decesos diagnosticados por test PCR mientras la OMS incluye también a los sospechosos de Covid-19, es decir, a quienes presentaban síntomas pero no se les practicó la prueba por lo que no existe certeza de la causa de su fallecimiento. Solo quienes la han padecido en sus carnes o en sus familias son conscientes de la desgracia que nos ha sobrevenido.

A los demás, nos han ocultado la dura realidad. Para no herir nuestra sensibilidad, no nos han mostrado ninguna imagen truculenta de lo que estaba ocurriendo. Una cosa es recrearse con escenas de este tipo -como tantas veces se han repetido en los telediarios- y otra privarnos de la visión de los hechos que nos concienciara de la gravedad de la situación. Las palabras no bastaban.

Lo que no entra por los ojos… Para los no afectados, el confinamiento ha consistido en quedarse encerrados en casa, salir cada tarde a aplaudir a los sanitarios que estaban exponiendo sus vidas y a cantar el Resistiré. Los muertos eran una fría estadística que iba creciendo cada día.

Una vez nos han soltado, hemos echado en saco roto todas las precauciones y recomendaciones lanzándonos a la vida “normal” como si aquí no hubiera pasado nada. Por otra parte, se ha permitido la libre circulación de personas sin ningún control; como mucho, una declaración, una comprobación de no tener fiebre y un examen del aspecto externo. Luego, nos extrañamos de los rebrotes aparecidos como el de algunas de nuestras comarcas y Zaragoza que han debido retroceder a la fase 2 y limitar la movilidad para salir de ellas. Y el de Alcañiz.

Acabado el mando único del estado de alarma, las comunidades autónomas han recobrado sus competencias y, ahora, son ellas las que han de solventar los problemas que vayan
surgiendo. El presidente Lambán y la consejera de Salud nos han pedido responsabilidad. Sobre todo a los jóvenes. Estos han considerado la pandemia como cosa de viejos y que la cosa no iba con ellos aunque pudieran ser portadores del virus e infectar a sus padres y abuelos. Esperemos que la irreflexión de unos pocos no la paguemos todos y nos vuelvan a encerrar.

Las cosas por su nombre

Es lo que tiene este verano atípico, te tragas unos bodrios televisivos que a veces te hacen revolver el estómago.

Llevan unos días hablando sobre los futbolistas que pagan a chicas para acudir a fiestas. También de grandes empresarios, tanto nacionales como extranjeros, y hasta de príncipes de indeterminados países.

Lo tratan como si de una transacción comercial se tratara: yo te pago, tu vas allí muy mona, de “imagen”, le llaman, y yo, que soy el que pone la pasta, si me gustas, te digo que quiero tema contigo, previo pago, obviamente, y allá paz y después gloria…

En mi pueblo a eso se le llama prostitución, aunque los que lo hagan sean tipos guapos que visten bien, huelen bien y tienen mucha pasta y ellas chicas monas que salen en la tele. No difieren en nada a las mujeres que se pueden ver aún en la calle del Caballo y aledaños (zona típica de la prostitución en Zaragoza, de las de toda la vida), sólo que estas son mujeres mayores, con la mirada derrotada, cuerpo desgastado y muy pocas esperanzas.

Lo normalizan, como si la prostitución fuera un oficio y no una esclavitud, y dicen que sólo se van con los que les gustan… Todo muy idílico. Luego les hemos de decir a nuestras hijas que estudien y se preparen, para tener una vida razonablemente buena, y ven a estas que salen en la tele, que se levantan 3000€ por una noche o dos, con gastos pagados y acceso a tiendas de lujo ilimitado…

Que hombres jóvenes y razonablemente guapos, la mayoría con pareja, según dicen, paguen para tener sexo, y lo vean tan normal… me hace pensar que ven a las mujeres como simples objetos. Estos chicos, o estos adinerados empresarios o políticos que pagan por tener sexo, son los que nuestros hijos admiran, así que luego no me extraña que los comportamientos de muchos de ellos sean de desprecio hacia las mujeres, creyéndose con el derecho de usarlas como si de un pañuelo de papel se tratara, sin respeto de ningún tipo.

Que den horas de televisión a las mujeres que hacen estas cosas y las quieren normalizar, me parece patético.

La prostitución nunca será algo normal, porque siempre hay alguien que tiene una posición de privilegio, por más que me digan que si no les gusta la proposición les dicen que no y no pasa nada…

Luego dirán que el machismo no existe, que es un invento de las feminazis…

Regreso

Parafraseando a Paco Martínez Soria en la Ciudad no es para mí, por fin he podido decir:

“Ya estoy en mi pueblo otra vez”. Casi cuatro meses de ausencia como consecuencia del estado de alarma y del confinamiento. La película, estrenada en 1966, obtuvo un gran éxito y para el actor turiasonense -ya figura cotizada y aplaudida del teatro español- fue su lanzamiento definitivo en el cine. Incluso grabó un disco que, a todas horas, podía escucharse en la radio y que comenzaba con la frase anteriormente expresada. La cinta se clasificó para mayores de 14 años.

En ella, se desliza un adulterio que no llega a consumarse. En Zaragoza, no me dejaron entrar en el cine. Hoy día, esto puede parecer ridículo pero eran las costumbres de la época, por fortuna, superadas.

En Alcañiz, la calificación cambió y la película se autorizó para todos los públicos. Se ve que un adulterio no revestía la misma importancia en un pueblo que en una ciudad. El film fue proyectado en el cine Guallar, en la calle Mayor, conocido también como el cine de abajo. El cine de arriba era el Roch, en la plaza de san José. Hace mucho que los dos desaparecieron.

He vuelto a Alcañiz desoyendo al Gobierno que recomendaba, por boca de su principal experto, no cambiar de provincia y menos de comunidad. Por el contrario, los turistas extranjeros sí pueden moverse libremente por nuestro territorio sin someterse a ninguna prueba. A pesar de que el ministro comunista de Consumo lo considera como un sector “estacional, precario y de bajo valor añadido”, la realidad es que el turismo, además de ser un gran invento como se titulaba otra película de Martínez Soria, constituye nuestra principal “industria” y una actividad esencial para reactivar la economía. Hay que impulsarlo aunque sin descuidar las medidas de seguridad.

Parece ser que, según las autoridades, los controles de temperatura y la inspección visual son más efectivos que los test. En todas partes se están produciendo rebrotes de Covid-19.

Para evitar pasar a mayores, debemos no bajar la guardia guardando las distancias sociales y usando las mascarillas que, unos meses atrás, no resultaban convenientes. Nos piden algo muy simple que, sin embargo, muchos no hacen. Tampoco algunos diputados y senadores que tendrían que dar ejemplo. Y, por cierto, el PSOE y Unidas Podemos han votado en el Congreso en contra de bajar el IVA de mascarillas, guantes y geles hidroalcohólicos del actual 21% al 4%. Y el IVA lo pagamos todos, no solo los ricos.

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