• Loa a Joaquín

    Te he querido tanto que no te robaría las hijas ni aunque el mismísimo demonio me tentara con el sueldo de un profesor inmune al coronavirus, de por vida. Te querré siempre porque has amado con la pureza de las aguas del Guadalope a su paso por Alcañiz, desde Sabiñánigo hasta Estercuel, e invitar a la concurrencia, ávida de leer el libro que presentas, a recordar amantes y despechos, rezumando poesía, y alegría de vivir, como las opiniones en un periódico, del que alguien, en alguna parte, guarda un ejemplar, o lo encontrará entre las ruinas de un caserón de un pueblo abandonado, a salvo de las inclemencias meteorológicas, milagrosamente. Supe que te querría para siempre, cuando me regalaste el oído, mientras el vino añejo de las bodegas de Alacón, algunos guardados desde el nacimiento de cada hija, que ahora ya tiene nietos, me sorprendió en la fiesta de la comarca, y recordé a aquella maestra, que se excitaba cuando le instruía sobre sexualidad, y en sus desconocimientos beatíficos, creyó que aquello era el sexo oral, mientras tomando la iniciativa, contra lo que consideraba normal, me amonestaba dulcemente para que no siguiera, porque no era de piedra, y se le estaba haciendo insoportable no pasar de los dichos a los hechos, no queriendo pecar. Solo bastaba con no copular. Y eso nos hizo tocar el cielo, muchos días. Así te quiero yo, de Calatayud a la eternidad, recorriendo los pueblos que incluíste en tu canción, y todos los demás, mojándonos el culo, o arremojandonos la tripa en Fraga, al son de Labordeta. Te quiero, y nada, nunca, nos podrá separar. Y quien te honra, tiene un amigo en mí.

  • Inconscientes y superficiales

    Ayer estaba haciendo cola en la calle para entrar en una conocida tienda de tejidos en el centro de Zaragoza. Delante de mí, tres amigas, mujeres de una cierta edad, esperaban para entrar también. Hablaban entre ellas y tal y como la más próxima a mí se iba manifestando yo daba un paso hacia atrás separándome cada vez más.

    Decía esta señora a sus amigas que ella llevaba la mascarilla porque si no la multaban que si no fuera para eso ni hablar del tema, que era una tontería. La mascarilla que lucía en la cara es de las que duran cuatro horas… yo creo que por el aspecto debería haberla usado 4 semanas… Otra de las amigas le daba la razón y comentaba que ella se había hecho la mascarilla con un pañuelo de su marido… se le caía de la nariz y cada poco se la subía manoseándola abundantemente. El aspecto de la “mascarilla” era tan deplorable como el otro. Sucia, que no ajustaba… La otra amiga las miraba con cara de asombro sin atreverse a contradecirlas, pero con su inmaculada mascarilla nueva, y bien colocada.

    Cuando ya les iba a tocar el turno sacó una botellita de gel hidroalcohólico y se lo ofreció a sus amigas, se lo pusieron no sin decir que para qué, que era una tontada…

    Las tres eran grupo de riesgo por la edad, y no eran conscientes del peligro que lleva no cumplir las 3 reglas básicas de prevención. Venían de tomar un café.

    Entre eso y que una de las noticias más comentadas es el nuevo look de Pablo Iglesias no puedo dejar de pensar que a veces, es poco lo que nos pasa. ¿De verdad es importante si lleva pendientes o moño? ¿Eso es lo importante? Es como si juzgaras a Mariano Rajoy por teñirse el pelo, por ejemplo, o a Pablo casado por la frondosa barba que se ha dejado…

    Lo importante, lo mollar, es gestionar bien las cosas, tanto ellos, los políticos, como nosotros en nuestras posibilidades.

    De la gestión de los políticos hablamos otro día, que eso da para mucho rato.

  • Y va para largo

    ¿Por qué nos comportamos como si esto del Coronavirus fuera algo del pasado?
    ¿Por qué nos lo tomamos con mucha más tranquilidad y no tomamos tantas precauciones tanto al salir como al entrar en nuestras casas?
    Está claro que estamos hartos de esta historia y ansiamos la libertad que con esta mierda del covid nos ha sido arrebatada y ya hacemos como si no, como si esto estuviera superado. Hasta incluso, a veces, jaleamos y nos queremos creer las teorías liberadoras y justificables contrarias a la realidad, las que afirman que todo ha sido un engaño, que esto no mata, que la gente se moría porque era su hora y por otras enfermedades, sólo que además tenía también esta especie de gripecilla tonta.
    Pero...
    La realidad es la que es. Preferimos no creer a quienes afirmaban que esto sería largo, muuuuuuyy largo.

    En Aragón estamos ahora como en abril y mayo, estamos mal, demasiado mal. ¿Por qué actuamos como si no pasara nada?
    Si no caemos muertos como moscas es porque los "reventados" sanitarios a quienes apenas hemos dejado ni descansar, pues en esta tregua propiciada por el encierro obligatorio, ellos han estado recibiendo instrucciones, adecuando espacios, estudiando protocolos. Por eso ahora, tienen más mecanizada, estructurada y trabajada la situación protocolaria y la manera de llevar a cabo el trabajo. No están tan desbordados por esa razón, han asumido su cambio estructural a la hora de afrontar su día a día con esta guerra, que sigue ahí y es la misma, sólo eso.

    Pero, aquí no pasa nada. Nuestras cervecitas en el velador con los amigos, no pueden faltar, que para eso estamos en la calle, y total, son de casa. Ellos, como nosotros, todos somos de fiar. Llevamos la mascarilla en una oreja, por si vemos a la policía, poderla ajustar rápido, pero no hay que temer, que no multan ni nada, lo dicen sólo para asustar...¿de verdad?. Y lo de las distancias, tonterías, que si alguien tose, el bicho se queda tapado, además, es verano, caramba!
    Ahora no hay resfriados, ni gripe vulgar, ni de ninguna letra A, B, C, ni aviar, ni caviar. Hace calor y el calor...achicharra a todo bicho viviente, hala!

    Pues no, señores!!!
    Esto sigue aquí, esto afecta y mucho. No perdona, ni a gente mayor, ni a jóvenes y tampoco a los niños, que eso es lo más grave, pues aunque no manifiesten síntomas, no sabemos nada del virus y tampoco si les va a dejar secuelas en sus pulmones en un futuro.

    En Aragón estamos mal. Los afectados cada día se incrementan y, de momento, ya tenemos más de 123 casos de contagiados entre nuestro personal sanitario. Cuando no quede nadie en los centros de salud y en los hospitales para atendernos, nos apañaremos buscando remedio a nuestros males en alguna página de esas de internet. Que ha dicho Sánchez, que la red funciona perfectamente, y que ahora con la 5G, ya no vamos a necesitar ni médicos...sólo personal funerario.

  • Negacionistas

    Si bien la anécdota parece ser anterior, se cuenta que, allá por el primer tercio del siglo XX, el filósofo José Ortega y Gasset y el torero Rafael Gómez “El Gallo” fueron presentados. Al
    enterarse el matador de la profesión de Ortega y de en qué consistía, exclamó la famosa frase que ha quedado para la posteridad: “¡Hay gente pa to!”

    Efectivamente, “hay gente pa to”. En un tiempo en que disponemos de más que suficientes medios para conocer y comprender la realidad, por inverosímil que parezca, hay quienes siguen creyendo que la Tierra es plana y que los científicos, la NASA y Hollywood se han confabulado para ocultar la verdad y, de paso, embolsarse ingentes sumas de dólares. Lo que costó convencer a los “sabios” del pasado de la esfericidad de nuestro planeta para que, en pleno siglo XXI, vayan en aumento los que no admiten dicha evidencia. ¿Serán planos también el sol, la luna y el resto de los planetas? Desde luego, de algunas mentes no cabe dudarlo.

    Este tipo de negacionismo no hace daño a nadie y puede resultar hasta simpático. Frente al síndrome del impostor, en el que cuanto más se sabe, menos seguridad se siente, se encuentra el llamado efecto Dunning-Kruger, el más común, en el que personas sin noción de nada creen dominar cualquier tema. Sin embargo, se está propagando otro negacionismo más peligroso. En las redes sociales, aparecen muchos comentarios desechando la pandemia del Covid-19. Niegan el virus; no han aumentado los fallecimientos sino que el número de estos ha sido similar al de años anteriores; las muertes en las residencias las atribuyen a la vacuna contra la gripe que contenía un tóxico coagulante de la sangre; las declaraciones de los sanitarios sobre el drama sufrido y el colapso de las UCIS son un bulo. La obligación de las mascarillas y la posibilidad de contagio, según esta gente, constituyen un modo de meternos miedo y de manipularnos por parte de Soros, Bill Gates, banqueros, laboratorios y políticos, es decir, de los dirigentes del Nuevo Orden Mundial -versión actualizada de la conspiración judeo-masónica de Franco- para la reducción de la población del planeta. De aceptar estas teorías conspiranoicas, viviríamos inmersos en el universo de Matrix, donde la realidad no existe y todo es virtual. Como ese comité de expertos que asesoraba a nuestro gobierno en las decisiones a tomar y que ha resultado ser una filfa. Lo dicho, hay gente pa to. Para mentirnos descaradamente y para aceptar encantada las mentiras, siempre y cuando procedan de los de su cuerda.

  • Homenaje a Juan Marsé

    Estas son las veintiséis novelas y veintiséis películas que este hombre excepcional eligió antes del cambio de milenio.

    Campanadas a medianoche. Orson Welles, 1965, basada en diversas obras de Shakespeare. Frankenstein or the modern Prometheus, Mary Shelley, 1818. Frankenstein, James Whale, 1931. Notre-Dame de París, Víctor Hugo, 1831. El jorobado de Notre-Dame; o Esmeralda la zíngara, William Dietrerle, 1939. Moby Dick, Herman Melville, 1851. Moby Dick, John Huston, 1956. Great Expectations, Charles Dickens, 1861. Cadenas rotas, David Lean, 1946. Las aventuras de Alicia, en el país de las maravillas, Lewis Carroll, 1865. Alicia en el país de las maravillas, Walt Disney, 1951. Guerra y paz, Lev Tolstoi, 1869. Guerra y paz, King Vidor, 1956. Whashington Square, Henry James, 1881. La heredera, William Wyler, 1949. La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson, 1883. La isla del tesoro, Victor Fleming, 1934. El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, Robert Louis Stevenson, 1886. El doctor Jekyll y míster Hyde, Rouben Mamoulian, 1932. Drácula, Bram Stoker, 1897. Drácula de Bram Stoker, Francis Ford Coppola, 1992. El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad, 1902. Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979. Sangre y arena, Vicente Blasco Ibáñez, 1908. Sangre y arena, Rouben Mamoulian, 1941. Tarzán de los monos, Edgar Rice Burroughs, 1914. Tarzán de los monos, W.S. van Dyke, 1932. Una tragedia americana, Theodor Dreiser, 1925. Un lugar en el sol, George Stevens, 1951. El halcón maltés, Dashiell Hammett, 1930. El halcón maltés, John Houston, 1941. Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell, 1936. Lo que el viento se llevó, Victor Fleming, 1939. Las nieves del Kilimanjaro, Ernest Hemingway, 1936. Las nieves del Kilimanjaro, Henry King, 1936. Stage to Lordsburg, Ernest Haycox, 1937. La diligencia, John Ford, 1939. El tercer hombre, Graham Greene, 1950. El tercer hombre, Carol Reed, 1949. Al este del Edén, John Steinbeck, 1952. Al este del Edén, Elia Kazan, 1955. D’entre les morts, Pierre Boileaud y Thomas Narcejac, 1954. Vértigo, Alfred Hitchcock, 1958. Lolita, Vladimir Nabokov, 1955. Lolita, Stanley Kubrick, 1962. Doctor Zhivago, Boris Pasternak, 1957. Doctor Zhivago, David Lean, 1965. El gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, 1958. El gatopardo, Luchino Visconti, 1963. A sangre fría, Truman Capote, 1966. A sangre fría, Richard Brooks, 1967. 

    “Y no seas tan pesimista. Al fin y al cabo no es tan horrible. Tú sabes lo que ha dicho ese individuo: en Italia, durante treinta años, bajo los Borgia, tuvieron guerras, terror, asesinatos y derramamiento de sangre… pero produjo a Miguel Ángel, a Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron un amor fraternal, quinientos años de democracia y paz. ¿Y qué produjeron? El reloj de cuco” (Harry Lime a Holly Martins, en el tercer hombre).

  • La concejal Beatriz Altaba

    Hace ya unos meses estaba hablando y analizando a cada uno de los concejales de la nueva corporación. Al llegar al nombre de Beatriz Altaba, el político con el que hablaba zanjó muy pronto su opinión con contundencia: “esta no se entera”. Entonces no contesté porque carecía de elementos de juicio. Ahora ya puedo contestar y quiero. Si el Ayuntamiento dispusiera de media docena de concejales como ella, Alcañiz en vez de un vertedero sería una ciudad espléndida, amigable y con futuro.

    Es sorprendente la capacidad de trabajo que tiene y su disposición. Avisa por todas partes donde puede de los lugares de recogida de basura de gran volumen. Si sabe de un puesto de trabajo, lo comunica para que cualquiera pueda optar a él, si hay que recoger basura, se remanga y es la primera. Si una persona dice que dónde puede dejar un frigorífico viejo y Beatriz no lo sabe, se va a buscar el lugar y le informa a la persona (que bien podía haber ido ella). Si alguien ha perdido unas llaves, ya está Beatriz pregonándolo para que no tenga que llamar al cerrajero. Si un desfibrilador no funciona, le informa al concejal, que es el que cobra para preocuparse y no sabe ni dónde está. Son algunos ejemplos de su preocupación desinteresada y desvivida por los ciudadanos. Beatriz entró al Ayuntamiento para servir al ciudadano y ese debe ser el mantra que se repite cada día cuando se levanta (si es que se se acuesta para dormir).

    Quien me dijo "esta no se entera" debería tomar nota para irse enterando de que ella es la que está cumpliendo con su compromiso y quien no se entera es él.

    El espíritu de Beatriz es el de los sanitarios llevado a la política. Se desviven por quitar la enfermedad del paciente, por eliminar el dolor, sea amigo, enemigo, conocido o desconocido. Si luego hay que discutir, ya discutiremos.

    Estas palabras se las debía cuando callé ante el político que me dijo "esta no se entera".

  • Rebrotes

    Parece que no aprendemos y por ello vamos hacia atrás como los cangrejos. Somos muy flacos de memoria, como decía Julián de Susana, en la zarzuela La verbena de la Paloma.

    Ya no nos acordamos de la tragedia sufrida y, todavía, latente y obstinada en no desaparecer y que ha causado la pérdida de casi de 28.500 vidas, según el cómputo del gobierno. De aplicarse las pautas de la Organización Mundial de la Salud, dicha cifra alcanzaría las 50.000.

    El gobierno cuenta, únicamente, los decesos diagnosticados por test PCR mientras la OMS incluye también a los sospechosos de Covid-19, es decir, a quienes presentaban síntomas pero no se les practicó la prueba por lo que no existe certeza de la causa de su fallecimiento. Solo quienes la han padecido en sus carnes o en sus familias son conscientes de la desgracia que nos ha sobrevenido.

    A los demás, nos han ocultado la dura realidad. Para no herir nuestra sensibilidad, no nos han mostrado ninguna imagen truculenta de lo que estaba ocurriendo. Una cosa es recrearse con escenas de este tipo -como tantas veces se han repetido en los telediarios- y otra privarnos de la visión de los hechos que nos concienciara de la gravedad de la situación. Las palabras no bastaban.

    Lo que no entra por los ojos… Para los no afectados, el confinamiento ha consistido en quedarse encerrados en casa, salir cada tarde a aplaudir a los sanitarios que estaban exponiendo sus vidas y a cantar el Resistiré. Los muertos eran una fría estadística que iba creciendo cada día.

    Una vez nos han soltado, hemos echado en saco roto todas las precauciones y recomendaciones lanzándonos a la vida “normal” como si aquí no hubiera pasado nada. Por otra parte, se ha permitido la libre circulación de personas sin ningún control; como mucho, una declaración, una comprobación de no tener fiebre y un examen del aspecto externo. Luego, nos extrañamos de los rebrotes aparecidos como el de algunas de nuestras comarcas y Zaragoza que han debido retroceder a la fase 2 y limitar la movilidad para salir de ellas. Y el de Alcañiz.

    Acabado el mando único del estado de alarma, las comunidades autónomas han recobrado sus competencias y, ahora, son ellas las que han de solventar los problemas que vayan
    surgiendo. El presidente Lambán y la consejera de Salud nos han pedido responsabilidad. Sobre todo a los jóvenes. Estos han considerado la pandemia como cosa de viejos y que la cosa no iba con ellos aunque pudieran ser portadores del virus e infectar a sus padres y abuelos. Esperemos que la irreflexión de unos pocos no la paguemos todos y nos vuelvan a encerrar.

  • Regreso

    Parafraseando a Paco Martínez Soria en la Ciudad no es para mí, por fin he podido decir:

    “Ya estoy en mi pueblo otra vez”. Casi cuatro meses de ausencia como consecuencia del estado de alarma y del confinamiento. La película, estrenada en 1966, obtuvo un gran éxito y para el actor turiasonense -ya figura cotizada y aplaudida del teatro español- fue su lanzamiento definitivo en el cine. Incluso grabó un disco que, a todas horas, podía escucharse en la radio y que comenzaba con la frase anteriormente expresada. La cinta se clasificó para mayores de 14 años.

    En ella, se desliza un adulterio que no llega a consumarse. En Zaragoza, no me dejaron entrar en el cine. Hoy día, esto puede parecer ridículo pero eran las costumbres de la época, por fortuna, superadas.

    En Alcañiz, la calificación cambió y la película se autorizó para todos los públicos. Se ve que un adulterio no revestía la misma importancia en un pueblo que en una ciudad. El film fue proyectado en el cine Guallar, en la calle Mayor, conocido también como el cine de abajo. El cine de arriba era el Roch, en la plaza de san José. Hace mucho que los dos desaparecieron.

    He vuelto a Alcañiz desoyendo al Gobierno que recomendaba, por boca de su principal experto, no cambiar de provincia y menos de comunidad. Por el contrario, los turistas extranjeros sí pueden moverse libremente por nuestro territorio sin someterse a ninguna prueba. A pesar de que el ministro comunista de Consumo lo considera como un sector “estacional, precario y de bajo valor añadido”, la realidad es que el turismo, además de ser un gran invento como se titulaba otra película de Martínez Soria, constituye nuestra principal “industria” y una actividad esencial para reactivar la economía. Hay que impulsarlo aunque sin descuidar las medidas de seguridad.

    Parece ser que, según las autoridades, los controles de temperatura y la inspección visual son más efectivos que los test. En todas partes se están produciendo rebrotes de Covid-19.

    Para evitar pasar a mayores, debemos no bajar la guardia guardando las distancias sociales y usando las mascarillas que, unos meses atrás, no resultaban convenientes. Nos piden algo muy simple que, sin embargo, muchos no hacen. Tampoco algunos diputados y senadores que tendrían que dar ejemplo. Y, por cierto, el PSOE y Unidas Podemos han votado en el Congreso en contra de bajar el IVA de mascarillas, guantes y geles hidroalcohólicos del actual 21% al 4%. Y el IVA lo pagamos todos, no solo los ricos.

  • Racismo

    Estamos llegando a unos extremos de estulticia y tontuna que son para hacérselos tratar por profesionales. El canal de televisión por suscripción estadounidense HBO retiró la película de 1939 “Lo que el viento se llevó” por racista. Ante las críticas recibidas, rectificó su decisión. Y como solo hay que prohibir una cosa para obtener el efecto contrario, las compras del mítico film se multiplicaron. Tendrán que censurar asimismo las películas de Tarzán, un blanco en tierra de negros que, para más inri, son los malos. O las de indios. En casi todas, ganan los blancos, o sea, los buenos. La creadora de “Friends” ha pedido perdón por no incluir intérpretes de color en la serie. Ya criticaron otra serie, “Chernobyl”, porque no había personajes de origen afro.

    Habría que matizar dicho concepto pues no todos los naturales de África son de ese color; en el norte del continente, tienen un tono más claro de piel. La incongruencia sería que, en la Ucrania soviética, aparecieran personas de ese color. Un ejemplo de corrección política es “La corona vacía”, serie británica sobre la Guerra de las dos Rosas en la Inglaterra del siglo XV. En ella, la actriz que da vida a la francesa Margarita de Anjou, esposa del rey Enrique VI, pertenece a dicho grupo étnico.

    Una serie histórica debe ser fiel a los hechos del pasado. No sé cómo hemos podido mantener nuestro equilibrio mental mediatizados, desde la infancia, por ejemplos de discriminación tan negativos. A no ser que los desequilibrados sean otros. Ah, y otras.

    La muerte de un afroamericano en manos de un policía blanco ha desatado una explosión de violencia “antirracista” en todo Occidente. Pero el racismo no se combate boicoteando, desde la ignorancia y el odio, películas, derribando estatuas o incluyendo actores de otro color para papeles que, étnicamente, no les corresponden. Resulta absurdo que los descendientes de quienes, prácticamente, aniquilaron a las tribus nativas de América del Norte, tilden a Colón de racista y esclavista. ¿Cuántos indios –no sé si esta palabra es correcta- sobrevivieron en los territorios colonizados por británicos y franceses? En cambio, al sur de Río Grande, en casi todas las naciones, la inmensa mayoría de la población es indígena o mestiza.

    No se puede juzgar el pasado desde una perspectiva actual. En todas las conquistas se han producido desmanes y excesos. Nos sentimos orgullosos de nuestro pasado romano e islámico y ¿no cometieron estos pueblos, también, un sinfín de tropelías y expolios? En 1776, los Estados Unidos declararon su independencia y han logrado erigirse en la primera potencia mundial. Treinta y cinco años después, comienza la secesión de la América Hispana. Las repúblicas que reemplazaron a los virreinatos españoles, sin embargo, se han quedado muy atrás. Después de dos siglos, la excusa de la herencia recibida ya no cuela. Hay que atribuir la culpa a otros ejecutantes de la Historia.

  • Tiempo de adioses

    El ámbito de la población más afectado por el coronavirus ha sido el de los mayores.

    Inexplicablemente, no se han proporcionado datos oficiales sobre el número de fallecimientos por efecto del Covid-19 en las residencias de la tercera edad; solamente se dispone de los informes aportados por las comunidades autónomas según los cuales dichas defunciones superan el 70% del total. En Aragón, este porcentaje se eleva hasta el 83%. Resulta lamentable que una parte de la generación que, con su impulso, construyó la España que conocemos haya tenido que acabar así, alejada de sus familias, aislada en geriátricos y muerta en soledad.

    En muchos casos, han transcurrido semanas sin obtener información desde los centros sobre la situación de los familiares y, cuando la han recibido, ha sido para comunicarles su deceso sin que pudieran despedirse de ellos y debiéndose conformar con una urna con sus cenizas.

    Ha habido establecimientos en los que han perecido más de 100 personas, las mayor parte de las veces, sin el tratamiento adecuado al no ser admitidas en los hospitales que, ante la solicitud de medicinas para ellas, se limitaron a enviarles morfina y sedantes. Por ello es muy loable la actitud de las doce trabajadoras del Hogar Santo Ángel de Alcañiz que, por propia iniciativa y para evitar contagios, se han confinado con las 120 personas mayores que viven en este centro de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados durante 50 días, desde el 15 de marzo al 11 de mayo.

    En contraste, también se han dado situaciones inversas en las que los residentes fueron abandonados a su suerte por quienes los tenían a su cuidado.

    El sector de establecimientos de la tercera edad arrastra años de precariedad y recortes con salarios bajos y escasez de personal. Para paliar tales deficiencias, el 22 de marzo, como
    efecto del mando único decretado por estado de alarma, las residencias privadas, quedaron “nacionalizadas” e intervenidas por el Gobierno bajo la supervisión de su vicepresidente segundo.

    En esta sociedad materialista que llamamos desarrollada, los ancianos son considerados una carga social, económica y política (algún partido muy progresista defiende privarles del voto
    con el argumento de que, al ser un colectivo muy numeroso, deciden el futuro de los jóvenes) y se les arrumba, despreciando su experiencia y sin reconocerles el derecho a disfrutar, tras los esfuerzos y servicios prestados a lo largo de su vida, de una confortable senectud.

  • Tengo miedo

    Casi todo el mundo tenemos a Hitler y Stalin como dos referentes de criminales contra la humanidad.

    Posiblemente ellos no mataron a nadie.

    Ni lo sé ni lo quiero consultar. Mataron a millones de judíos y a millones de trabajadores los que les seguían.

    Ellos sin sus seguidores no eran más que dos locos. Ellos solos no eran peligrosos, les hicieron peligrosos los que les adulaban.

    Estos días estoy viendo cómo los mismos que decían que no había que salir con mascarillas ahora dicen que hay que ponérselas o te sancionan.

    Los que decían que el 8 de marzo fue el inicio de la expansión, ahora salen a manifestarse sin respetar distancias. Los que no dan importancia a decenas de miles de manifestantes el 8 de marzo se suben por las
    paredes porque unos cientos salen a la calle. Los que decían que no podrían dormir si Podemos pactaba y llamaban con desprecio “el coletas o el chepas” a Iglesias, ahora salen en su defensa como si fuera un familiar agredido. Veo con estupefacción que los que decían que Pablo Iglesias era un ejemplo salido del pueblo con salario limitado y viviendo en Vallekas luego aprueban en referéndum que debe vivir en una
    mansión de lujo.

    Puede que esta noche los seguidores del PP se acuesten contentos porque en Madrid se hayan comprado millones de mascarillas y mañana se alegren todavía más porque las del Gobierno central estaban caducadas. Y viceversa. No hay razón. Sólo seguidismo. Mañana defenderán lo que el líder diga que debo defender. Miedo, siento mucho miedo. La democracia peligra.

    Quizás no me he explicado bien. Estoy un poco aturdido por el miedo. El bajoaragonés Julián Casanova lo explica muy bien en su libro Europa contra Europa. Está en la biblioteca de Alcañiz. Léelo.

    Dos recuerdos personales que me oprimen las vísceras siempre que pienso en ellos. Uno cuando estuve en Auschwitz y pude ver lo que hicieron los seguidores de Hitler. El otro cuando en Moscú me señalaron el edificio del KGB y un hombre mayor me dijo: “Allí entraban diariamente camiones llenos de trabajadores y ya no los volvíamos a ver”.

  • Secretos

    Los aficionados a los temas esotéricos suelen creer en contubernios y en la existencia de un gobierno mundial en la sombra que rige los destinos del planeta. En España, parecían hacerse realidad estas teorías conspiranoicas. Pensábamos que la lucha contra el coronavirus estaba dirigida por un comité de doctos “expertos” que asesoraban al Gobierno y cuyos nombres se mantienen ocultos, inexplicablemente, a pesar de que la ley obliga a darlos a conocer.

    La falta de transparencia propicia la propagación de sospechas y bulos por lo que unas y otros no han dejado de crecer. Mas hete aquí que nos enteramos de que estos “expertos” son técnicos y funcionarios del Ministerio de Sanidad por lo que no se puede publicar su identidad. Los criterios de este ente secreto han ido mudando en cuestión de días cuando no de horas.

    Mes y medio antes del estado de alarma, Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y portavoz del Gobierno en el asunto del Covid-19, afirmó que en España no habría "más allá de algún caso diagnosticado" y que, de haberlo, sería muy limitado y estaría controlado, restando importancia a la alerta dictada unos días antes por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El ministro Illa declaró que la Sanidad pública estaba preparada para hacer frente a cualquier eventualidad posible. En lo referente a las mascarillas, cuando se carecía de existencias, no eran obligatorias; es más, resultaban desaconsejables; en cambio, ahora, sí son necesarias en determinadas circunstancias y se recomienda ponérselas. Parece lógico hacer test para localizar y aislar a los infectados.

    Pero en palabras del ministro Ábalos, no solucionan nada al no asegurar la inmunidad ya que una persona puede hacerse la prueba, dar esta negativa y, al día siguiente, contagiarse. Sin embargo, el 11 de mayo, áreas de la Comunidad Valenciana no han pasado a la fase 1 de la desescalada por no haberse realizado suficientes pruebas a la población.

    Y también nos enteramos por boca del doctor Simón de que las directrices científicas de la comisión de “expertos” no son vinculantes sino que la decisión final sobre quién pasa de fase la toma el ministro de Sanidad o sea el Gobierno. Por eso, como se necesitaban los votos del PNV para prolongar el estado de alarma, han permitido que en el País Vasco se pueda viajar entre provincias lo que no se permite al resto de territorios en idéntica situación.

    Como decía Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

  • Geolocalización

    Es, a día de hoy, posible. Cruzar datos que están en Internet transmitidos mediante móviles, mayoritariamente, u otros dispositivos como ordenadores.

    Ya se ha producido la ocurrencia, el sistema sanitario identifica a los contagiados, y lo hace en redes informáticas. Quienes tienen acceso a estos datos, basta que tengan en sus bases de datos, el número de móvil de cada uno de ellos, y como lo tienen encendido continuamente, su localización geográfica. Y con ello ronda la idea de reunirlos a todos en un espacio geográfico reducido, para que no contagien a la mayoría de la población. ¡Qué aguda decisión democrática!, o sea por el bien de la mayoría.

    Claro que ignora la tiranía de las personas malas, que cuando su limitación hace tope, y no conocen la solución digna, neurológicamente tienden al despotismo, salvar su culo, y si acaso el de colaboradores, malmetiendo a las demás para que se hagan la guerra entre ellas, y no contagien.

    Tampoco resuelve, la realidad constatada tantas veces en el pasado, de que se emitan informes falsos, que se dan por ciertos de autoridad en autoridad, para despachar a personas sanas, con verdades incómodas, de esas decentes, pero que, curiosamente, reclamarán la pérdida de privilegios y poltronas. Y eso causa rechazo en quienes alcanzaron la cumbre y se abandonaron al continuismo parásito.

    La educación pública es tal que sigue perpetuando la ignorancia y en esencia la inercia para entregarse a la estigmatización, el linchamiento, la jauría humana, la falta de escrúpulos y en suma, obtener sin justa contraprestación o descaradamente, lo que se cuenta, mide o pesa. Mientras se dé por supuesto que el dinero todo lo paga, basta con que cojan dinero y no vean cómo se podría robar al ladrón.

    Lo que parece que no motiva, es que se tienda a minimizar las opciones de aprovecharse de la desgracia ajena, incluida la muerte por causas no naturales, o sea ladronas. ¿Cómo van a
    entender los de arriba, que la solución es no caer en excesos, para cubrir las necesidades básicas de toda la manada de herbívoros, y que la violencia no desate el: arrieritos somos y
    en el camino nos encontraremos? Ni obligándoles a vivir abajo, todos asumirán la igualdad y evitar excesos, por demás contraproducentes; de barrigas llenas están llenos los corrales de los quietos.

  • De duelo

    No veo para nada la tv, entre otras cosas porque, como expliqué en su día, mi familia, en su afán de moderación, tiene por costumbre poner el volumen, para mi hipoacusia, excesivamente bajo; y como por desgracia todavía no he aprendido ni he tenido interés en aprender a leer en los labios, pues no me entero de nada, me aburro y me voy con mi móvil como si fuera un chaval de 16 encerrado en su cuarto con los cascos puestos.

    Pero estos días de encerramiento y cada vez que paso de refilón por delante del televisor, me ha llamado la atención un detallito en la pantalla superior izquierda. Y es que, en lugar de encontrarme un lacito negro, que sería lo propio en estos tristes y terroríficos días, que rindiera homenaje a todas las víctimas que esta maldita pandemia se está llevando, y que sería lo propio; pues me consta que tienen lazos de todos los colores, rosas, amarillos, morados...pero ¿y el negro?.

    ¡Caramba!

    Lo sorprendente es que, en su lugar, me encuentro esta infantilona frase:

    ¡Lo estamos consiguiendo!.

    Digo lo de infantilona, porque en mi trabajo con los pequeñines, es una frase de ánimo recurrente, que siempre utilizamos cuando pretendemos estimular el ánimo y la autoestima de los niños. (Me niego a poner y -niñas-, pues sigo utilizando el plural genérico como bien aconseja la RAE por más que se empeñe la secta "políticamente-correctiva" de mi departamento).

    Luego, la vuelvo a leer, y la repito en voz baja:..."Lo estamos consiguiendo", y me vuelvo a preguntar: ¿De verdad pretenden hacernos creer que así nos animan?, ¿Pretenden estimularnos para que se diluyan todas nuestras angustias?, ¿o nos tratan verdaderamente como si fuéramos críos a quienes un papá protector debe dar palmaditas de aliento para ayudarnos a no caer en la melancolía y en el desánimo?

    Y como este encierro obligado a que nos tienen sometidos a todos ya me está perturbando demasiado, me está volviendo conspiranoica, y me hace ver demonios por todas partes, pienso si subliminalmente esa frasecita esconde mucho más de lo que expresa, y me pregunto: ¿Será verdad?, ¿lo están consiguiendo?.

    Desgraciadamente, el día a día y el devenir de los acontecimientos, que cada día sorprenden, por la extrañeza de las noticias, el recorte de libertades, la censura notable en medios y redes, y las situaciones peculiares y anómalas que se intuyen viendo y leyendo entre líneas, me conducen a pensar que sí, efectivamente, sea lo que sea:
    ¡Lo están consiguiendo!.

  • 32 días confinada ya

    32 días confinada ya… Por lo menos en mi caso. ¿Nos hemos vuelto ya locos? ¿Nos hemos vuelto ya locos? No, no estoy narrando un capítulo de los Simpsons. (Esto era una coña para los que sois frikis como yo de los amarillos) Supongo que no soy la única que no para de pensar en como serán las cosas cuando todo esto pase. Aunque quizás la pregunta del millón es: ¿cuándo volverá todo a la normalidad?

    Yo por lo menos tengo que decir que me muero de ganas de ir a Alcañiz. Jo, que razón tiene el dicho ese de “no aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes”. No es que haya perdido Alcañiz “jaja”, pero la impotencia de no poder ir, bueno básicamente de no poder salir de casa.

    Yo también he sido víctima del querido ERTE. Pero bueno, podría ser peor, ¿no?

    Qué mejor que tener todo el tiempo del mundo ahora para seguir con mis clases de italiano, hacer algo de deporte, algo. Y tomar un poco el sol. Hombre, algo bueno habrá que sacar de este confinamiento, digo yo.

    Aunque al paso que va esta situación, de aquí a nada montamos la piscina. Hay que darle un toque de humor a la vida, porque sino, no sé que sería de nosotros.

    ¿Soléis perder la noción del tiempo? Todos los días son iguales, ¿verdad? Aunque ya sean 32 días encerrada, tengo que decir que se me han pasado rápido. Supongo que porque he seguido trabajando y estoy en compañía. Eso sí, no he perdido la sonrisa ningún día, (excepto con la noticia del ERTE), ahí me permitía tener un día malo. Creo que esta situación solo puede hacernos mejores personas. Y cuando todo pase, comenzar a apreciar esas que creíamos pequeñas cosas, pero que ahora creemos gigantes. Cruzarnos por la calle, estrecharnos la mano o incluso volver a abrazarnos.

    ¿Qué es de lo que mas ganas tenéis cuando todo esto pase? Yo a parte de ir a Alcañiz…

    Pues unas bravas en el París con una jarrica de cerveza y disfrutar de esas vistazas de la plaza de España. Madre mía Lucía, no vas a dar abasto. Yo si fuera tú, me iría preparando. Tendrás que poner un cacharrico de estos para coger número. Y bueno, por supuesto, un corte de pelo, que no es que lo lleve mal, pero si eres fiel a tu peluquera, tal y como están las cosas, habrá que aportar nuestro granito de arena, ¿verdad? Ana, ve guardándome hora.

    Y después de este último párrafo, que, aunque haya parecido publicitario no lo es.

    Jorge, tú hablas de edificios históricos, y yo no tan históricos, ja ja.

    Solo me queda desearos un buen resto de confinamiento y os invito a que penséis en lo bueno que estáis sacando de estar encerrados. Y que a pesar de ello, estamos sanos y tenemos que ser solidarios para que todo vuelva a la normalidad lo antes posible.

    No perdáis el optimismo y nos vamos leyendo por aquí.

  • No quiero vuestros aplausos

    Os voy a ser muy sincero, no quiero vuestros aplausos. Quiero que cuando pase todo esto, nunca olvidemos lo visto, leído y contado estos días. Que nos veamos las caras, debatamos sobre porqué hemos sufrido (todos, pacientes y trabajadores) esta penosa situación en la sanidad pública, y hombro con hombro defendamos una mejor sanidad pública. Llenemos las calles de esperanza y ganas de acabar con las privatizaciones que hemos sufrido todos los usuarios de la sanidad pública.

    Porque no podemos olvidar, debemos pelear por una sanidad que nunca más vuelva a sufrir recortes, que no vivamos con lo justo año tras año, porque hemos visto, que sí, que los recortes matan. Que no era un eslogan que nos inventamos los sanitarios hace más de una década. Que esos recortes llevan matando a pacientes hace años y en este mes, se ha visto de forma exponencial. Porque esos recortes son peligrosos para todos los profesionales sanitarios, un 17% de los casos determinados por Coronavirus en Aragón son compañeros sanitarios que han tenido que trabajar sin las garantías mínimas de seguridad, y a pesar de ello, lo han hecho.

    Por esto no quiero aplausos, ni que se nos llame héroes.

    Debemos exigir soluciones, pero todos juntos, de forma consciente y decidida, que no aceptamos más recortes para la sanidad publica, no más privatizaciones de los servicios públicos. Porque es evidente que estas privatizaciones solo buscan el lucro empresarial a costa de deteriorar unos servicios, un bien público y esencial.

    La próxima vez que nos veamos, por favor no nos aplaudas. Lucha con nosotros por nuestra sanidad (la de todos), porque no es solo nuestro trabajo, es sobre todo la salud de tu entorno, de tu familia. Porque, en definitiva, estás luchando por tu propia salud.

  • De guerras y reyes

    En estos días en que estas terribles circunstancias nos han regalado un tiempo extra para ponernos a reflexionar y leer con más calma, gracias a las redes, lo que a la gente se le va ocurriendo en sus encierros, observo que se vuelve a cuestionar la figura del rey.
    Este rey, que para bien o para mal, sigue ahí, sentado en el trono, y en carne mortal pero, a diferencia de los demás mortales, su figura será reencarnable en alguna de sus herederas.

    Pues bien, como cuando se está ocioso y desde lejos, todo el mundo sabe arreglarlo todo, como si fuera Super Mario Bross, unos Braman con caceroladas desde los balcones, y los menos festivaleros se limitan a pedir por las redes, que se acabe su reinado y que haga las maletas, vamos, que ven el momento que estaban esperando para abolir la monarquía y hasta se creen el mismísimo Robespierre porque ven que su discurso ha ganado unos cuantos likes brillando en su pantalla del móvil.

    Otros, en cambio, ven en él, como al héroe al que todos necesitan asir su mano para ser salvados de cualquier desgracia, cuando la baraja pinta en bastos. Vamos, algo así como un Supermán, Spider o un Capitán América a la española.

    Estos últimos, no paran de pedir que en su calidad de Jefe de Estado, levante sus reales posaderas del trono, esgrima el cetro y dando un "cetrazo" en la "Mesa Redonda" emulando al Rey Arturo, llame "A Capítulo" tanto a este Gobierno de coalición Sánchez e Iglesias, como a la Oposición Casado, Abascal y Lady Arrimadas. Y que tanto a estos "Caballeros" como a la "Dama" les haga entrar en vereda, les obligue a jurar sus espadas y que juntos salven al reino de España, que para eso se les nombró caballeros, pero que muevan silla presto, que ni estamos en Cámelot, ni esto es ningún cuento de caballerías, tenemos un enemigo muy real, con corona y todo, se llama Coronavirus y está diezmando a nuestra gente.

    De momento y como en todas las luchas y guerras a través de la Historia, siempre acaba siendo el pueblo llano, quien armado de palos, horcas, aperos...y ahora mascarillas caseras y epis con bolsas de basura y mucha solidaridad, son los que siempre acaban siendo nuestros verdaderos salvadores, enfrentándose al enemigo en primera línea de batalla.
    Sean todos ellos loados y aplaudidos con todas nuestras fuerzas, pues para qué queremos caballeros si ya tenemos héroes.

  • No somos héroes

    No somos héroes y no queremos serlo. No tenemos súper poderes que nos protejan de la fatiga, del cansancio y de la frustración. No tenemos una capa que nos aísle del miedo, de la impotencia y la rabia. No tenemos una traje hecho por el profesor X que nos hace inmunes a los pérfidos virus, incluso al último súper villano, el coronavirus Covid-19.

    Solo somos personas que un día decidimos estudiar una carrera, una FP (como se decía antes) sanitaria... y nos inscribimos en una bolsa de empleo de un hospital. Solo somos personas con los mismos miedos, incertidumbres y desazones que tú y cualquier otro ciudadano. Lloramos cuando tenemos miedo (y estas semanas lo tenemos), maldecimos cuando vemos una injusticia, a la par que corremos, luchamos y nos apoyamos cuando se nos hunde nuestro mundo, nuestro entorno, nuestro hospital.

    Nos somos héroes, solo somos trabajadores que llevamos muchos años quejándonos de las consecuencias de los recortes en sanidad. Diciendo que esos recortes traían más listas de esperas, porque con menos plantilla no se puede atender a más pacientes, porque nuestras manos llegaban hasta donde llegaban. Porque aunque entre todos intentásemos suplir las carencias que nos iban desde las direcciones generando, teníamos un límite físico y profesional.

    Y claro, cuando estos recortes sufridos y padecidos desde hace más de una década se encuentran con una crisis sanitaria como la actual se nos ven todas las costuras. Acabamos pidiendo caridad, usando a los amigos y conocidos (nunca os lo podremos agradecer lo suficiente) para que nos hagan unas batas impermeables o nos cedan sus gafas protectoras. Porque la Administración Pública en sus infinitos recortes, nunca tuvo dinero para prever que lo necesitáramos. Claro, justo había para pagar lo básico y lo que se rompía casi nunca se reparaba.

    Y esto es lo más triste, lo que demuestra que se nos dejó sin amparo y solo la solidaridad nos está ayudando a salvar la situación.

    Porque yo he llorado de frustración y me he peleado contra molinos de viento, a sabiendas que tenía la batalla perdida, como cualquier otro Quijote con bata blanca. Porque en los próximos presupuestos nos volverán a recortar el presupuesto, o ignorarán, por enésima vez, nuestras demandas en las reuniones con las direcciones, bajo los sabidos mantras de: “este año no toca” (como todos), o “este año hay que priorizar otros servicios” (¿y esos cuáles son?).

    Por eso, no queremos que se nos romantice con el discurso de héroes desde la misma clase política que hasta hace unos escasos meses nos seguía negando el pan y la sal.

    Porque así, mientras se nos categoriza como héroes, se distrae la atención de la verdadera realidad, de que se nos abandonó durante años de forma sistemática y ahora han quedado a la luz las enormes carencias de “la mejor sanidad del mundo”. De esa sanidad que era “la envidia de Europa”, pero no tenemos ni mascarillas quirúrgicas de repuesto en los centros y tenemos que lavarlas todos los días y usarlas al día siguiente, contraviniendo todos los protocoles existentes, con el consiguiente riesgo para nosotros y para los pacientes.

    Ningún profesional sanitario queremos ser un héroe, solo queremos trabajar con dignidad, por respeto a nuestra profesión, por el bien de la comunidad y sobre todo por tu salud.

  • Autónomos, obligación de cotizar y cese...

    Autónomos, obligación de cotizar y cese de actividad durante la pandemia de covid-19. Análisis crítico

    Tras decretarse el estado de alarma por el Gobierno, se dicta el RD-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 que, en lo que a los trabajadores por cuenta propia se refiere, establece una prestación extraordinaria por cese de actividad que importa el 70% de su base reguladora, y el tiempo del percibo de la prestación se entiende como cotizado, quedando exonerados de abonar la cuota mensual. Esto únicamente para los autónomos cuyas actividades quedan expresamente suspendidas durante el estado de alarma.

    A modo de ejemplo, por citar algunos significativos, se trata de trabajadores por cuenta propia que prestan sus servicios en restaurantes, bares, cafeterías, teatros, cines, gimnasios. El resto de autónomos, para tener derecho a esa prestación por cese de actividad, deben acreditar que su facturación, en el mes anterior a la solicitud de la misma, se vea reducida al menos en un 75% en relación con el promedio de facturación del semestre anterior.

    Esta prestación sólo tiene duración de un mes o hasta que finalice el estado de alarma. La cuestión es ¿quiénes y cuántos autónomos van a poder trabajar y recibir a su clientela durante el estado de alarma, cuando las autoridades sanitarias están ordenando que cese todo contacto físico entre personas, en evitación de contagios? Resulta patente, además, que los locales comerciales deben permanecer cerrados al público.

    ¿Cómo trabaja un autónomo en una población con importantes restricciones en el transporte público y privado y en la movilidad de personas?, ¿o con falta de suministros que le impidan el desarrollo ordinario de su actividad, en un contexto de aislamiento preventivo decretado por las autoridades sanitarias?

    Los pequeños negocios, tiendas y oficinas de todo tipo van a correr un grave peligro de supervivencia.

    En mi humilde opinión, el Gobierno del Estado y también los de las CCAA se encuentran obligados a un esfuerzo mayor con este colectivo de trabajadores.

    La prestación por cese de actividad temporal no es tan extraordinaria. Ya se encontraba regulada, ciertamente como cobertura voluntaria, en nuestra Ley General de Seguridad Social.

  • Gracias

    Desde el confinamiento al que estamos sometidos por este virus asesino, quiero dar las gracias.


    A los que se quedan en casa.
    A los servicios de limpieza de las ciudades y pueblos.
    A los que se quedan en casa.
    A. TODOS los trabajadores de residencias geriatricas, que se la juegan a diario.
    A los que se quedan en casa.
    A los voluntarios de protección civil.
    A los que se quedan en casa.
    A las fuerzas de seguridad (a todos los cuerpos), que se la juegan a diario.
    A los que se quedan en casa.
    A celadores, auxiliares, enfermeras, médicos y resto de personal de los hospitales públicos que están dando ejemplo de profesionalidad y sacrificio.
    A los que se quedan en casa.
    A mi vecino del edificio de enfrente que nos anima todos los días varias veces con su música.
    A los que se quedan en casa.
    A los conductores de autobús y taxistas.
    A los que se quedan en casa.
    A todos los empleados de tiendas y supermercados.
    A los que se quedan en casa.
    A los camioneros que transportan los productos que necesitamos.
    A los que se quedan en casa.
    A los que cosen mascarillas.
    A los que se quedan en casa.
    A los que donan productos que son imprescindibles en los hospitales.
    A los que se quedan en casa.
    A los que difunden sus canciones, poemas o chistes por las redes para ayudar a mantener el ánimo.
    A los que se quedan en casa.
    A los que NO reenvían cadenas que sólo auguran el apocalipsis o desinforman con recetas pseudocientíficas que no hacen más que daño.
    A los que se quedan en casa.
    A los conductores de ambulancias.
    A los que se quedan en casa.
    A los que trabajan de ayuda a domicilo, cuidando a nuestros mayores.
    A los que se quedan. en casa.
    A los medios de comunicación que nos mantienen razonablemente informados.
    A los que se quedan en casa.
    Seguro que se me olvida alguien. Que me perdonen.
    El orden de esta lista es aleatorio. No está ordenada por importancia. Todos y cada uno son importantísimos.
    Y por si no lo había dicho:
    GRACIAS POR QUEDAROS EN CASA.

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