Opiniones

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Cuando salíamos en la procesión de los tambores

Cuando salíamos en la procesión de los tambores dábamos la vuelta a la Ciudad, seguramente pasábamos por calles que en todo el año visitábamos. Veíamos los nuevos comercios y los que habían cerrado. Las calles y el estado en el que se encontraban.

Cuando los móviles no existían y el tiempo tenía valor, recuerdo que los días de lluvia y al atardecer paseaba por esas calles, casi siempre solitarias, pero con todo el sabor.

Ahora, desgraciadamente, el paseo es desolador, terrenos vacíos porque las casas se han caído o tirado y no se ven perspectivas de cambio.

Las grandes obras, nuevo vial, escalera de Ronde de Belchite a pl del Dean, carretera de la rotonda de la ctra de Calanda al polígono Fomenta, no deben suplir la consolidación e intento de recuperación del casco antiguo de la Ciudad.

Perder los recuerdos o la historia debería estar penado por Ley.

Una pena.

Encajar

Los síntomas, indicios, signos externos, resultados de análisis de partes internas. Todo ello conforma una multiplicidad de factores. Y tratar de reducirlo a un diagnóstico, con una sola palabra, o una breve descripción, entraña una cantidad de errores, que pueden desembocar en daños irreparables, cuando no, fatales. Por ejemplo diagnosticar esquizofrenia, psicosis, neurosis, pasividad agresiva, etc., supone resumir algunas características detectadas (o percibidas, incluso subjetivamente), atribuir, e ignorar otros factores, a veces por haraganería, pereza, intereses espurios creados, u otras desviaciones de la identificación inequívoca y la intervención imparcial, objetiva, en razón de la materia, y no de intereses creados, influencias y proyección de futuro próspero, encadenado a la lealtad por encubrimientos mutuos. Esta concatenación de ocurrencias, hace que leyes en favor de robar, incluido la vida, como la de la eutanasia, el aborto, el divorcio contencioso, den cabida, junto a cuidados paliativos, decidir libremente sobre el propio cuerpo, y otras, encomiables, por lo que tienen de no robar ni agredir a nadie (y divorciarse restringiendo la relación paterno filial, o abortar por gusto, suponen robar, incluido la vida) aquellas otras que suponen, en efecto, argucias de matasanos, y crímenes ejecutados por colocados en juzgados. "Aquí tienen la documentación que prueba que la finada solicitó la eutanasia" Y era toda falsificada. "Y el testimonio de sus deudos".

Todas codiciosas embaucadas. Y a ver si eran deudos o impostoras. Ay señor, llévales pronto, a los legisladores de la eutanasia.

Volver a la emoción

Durante este verano recuperé mi afición por disfrutar la música en directo. Y es que justo antes de que empezara el confinamiento había vuelto a practicar esta buena y sana costumbre de asistir a conciertos y festivales. No ocultaré que estaba siendo un gustazo porque llevaba mucho tiempo alejada de aquello dado que me hallaba ocupada ejerciendo la ingente tarea de ser madre.

Pero llegó la pandemia y lo paró todo, dejando al mundo de la música y a la cultura en general tocados de muerte. Fueron meses largos de confinamientos y restricciones donde era impensable organizar nada. Tras aquella larga pausa y con mucha precaución y medidas sanitarias, los espectáculos, museos, teatros y salas de conciertos fueron volviendo muy despacio a la vida y retomando su actividad. La verdad es que la situación en cualquiera de aquellos eventos era un tanto extraña: el público debía permanecer siempre acomodado en su butaca, no se podía bailar, se tenía que respetar la consabida distancia, nunca bajarse la mascarilla, pero lo más importante era que los artistas podían empezar a trabajar. Al principio las anulaciones de eventos eran el pan de cada día habitualmente motivadas por el resultado del empeoramiento de los datos de contagios de COVID, pero poco a poco se fue viendo la luz al final del túnel. Los datos económicos del sector eran agonizantes. Se creó incluso una campaña de apoyo a nivel nacional a la cultura segura.

Fue justo en marzo de este año cuando mi grupo favorito, Love of Lesbian se convirtió en el protagonista de un concierto piloto en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Se trataba de un simulacro de concierto tradicional, sin distancias y bailando, sólo con mascarilla y al que se debía asistir con un test de antígenos negativo realizado en las horas previas. Los asistentes se sometieron a un estudio científico para determinar las consecuencias de organizar eventos de tal magnitud en la salud de los asistentes. El resultado fue satisfactorio y aquel fue el primer paso para que poco a poco y a medida que el porcentaje de población vacunada era más grande, pudiera replicarse el modelo en más ciudades y eventos. Así es como pudieron arrancar algunos festivales de música, anulados y retrasados, por culpa del virus del COVID.

Y es que en aquel momento tan complicado la cultura necesitaba del público pero sobre todo necesitaba de la responsabilidad del mismo. Era esencial comportarse y cumplir las normas en los eventos culturales. Recuerdo al cantante de la banda Izal dando las gracias sin parar al público por cumplir las normas durante el primer concierto post-pandemia en directo al que asistí este verano. Aquel día reconozco que volví a emocionarme por estar allí. Se me erizó la piel al sentir los acordes justo delante de mí. Vibré con la magia que solo la música en directo da. Me emocioné también con Mikel Izal que con la voz entrecortada se mostraba tremendamente agradecido. Y aquella fue la primera emoción de una larga lista de emociones que iba a vivir el resto del verano en los siguientes conciertos a los que pude asistir. Había sed de música. El sumum fue a finales de octubre cuando pude ir al Festival SanSan en Benicassim y vivirlo como hacíamos antes. De pie y bailando con miles de personas más. Pura magia. Pura vida.

Así que estoy más que segura que de todo esto es esencial sacar una lección positiva, creo que el momento que vivimos nos ha enseñado la importancia de volver a emocionarnos, de volver a sentir y valorar cosas que antes del fatídico 2020 dábamos por hechas. Y el disfrutar de la cultura es sin duda una de ellas. Sólo espero que esta sensación no la perdamos, que la valoremos en su justa medida, por si las cosas vuelven a empeorar.

100 kilómetros y un patatar

Hoy voy a hablar de salud, pero no del Covid, que el tema es otro.

Mi Hospital de referencia es el Royo Villanova, y muchos bajoaragoneses, dado que el nuevo hospital de Alcañiz aún está en pañales, y hay una falta endémica de especialistas, han de venir a este a muchas pruebas, intervenciones, consulta, etc.

Cada cierto tiempo voy a San Gregorio a Consulta, y si bien yo suelo ir en transporte público, alguna vez toca subir en coche.

El trabajo de aparcar es arduo, dentro del recinto no hay plazas nunca, a no ser que haya una conjunción de astros en el espacio sideral y se vaya una persona justo cuando pasas con tu vehículo. Lo habitual es aparcar en el descampado que hay enfrente. Faena de riesgo extremo si nuestro coche no tiene el chasis muy alto, tipo todoterreno, porque los baches, socavones y demás hacen peligrar desde el cárter hasta las ruedas.

Hoy me he enterado que el terreno está cedido por el Ayuntamiento de Zaragoza a la DGA, pero ni uno ni otro arreglan aquello. Cada vez que llueve las piscinas que se hacen podrían albergar ballenas azules, cachalotes y algún tiburón blanco.

De verdad que los usuarios de este hospital no nos merecemos esto. Desde muchos pueblos del bajo Aragón (y la margen izquierda del Ebro en Zaragoza) hemos de ir a él. Tanto a visitar y atender a nuestros enfermos como a las diferentes consultas que hay en el centro. Que lo arreglen de una vez. No creo que el gasto sea excesivo.

A los bajoaragoneses les incumbe especialmente mientras no se solucione el problema del nuevo hospital y los médicos especialistas que hacen falta. Hasta entonces no quedará otra que hacerte más de100 km. para que te atienda el médico, y como pagamos los mismos impuestos seamos de donde seamos, merecemos el mismo trato y la misma atención. Y desde luego no es de recibo que después del paseito, encima tengas que aparcar en un patatar.

Los malos de las películas

Hollywood, salvo contadas excepciones, nos acostumbró a ver a los indios como los malos de las películas. Unos salvajes con los que no cabía miramiento alguno. Recuerdo cómo me impactó la crudeza de las escenas de la matanza de cheyennes perpetrada por los soldados americanos en el film Soldado azul de 1970. En su estreno en España, se cortaron dichas escenas que pudieron verse cuando, desaparecida la censura, se reestrenó la película unos años después. El director Ralph Nelson, decidió rodarla para denunciar la matanza de My Lai de 1968, en la Guerra de Vietnam, entonces en curso. Los americanos son duchos en este tipo de acciones. Casi exterminan a los indios de su territorio y a los supervivientes los confinaron en reservas. Solamente el 1% de la población de Estados Unidos es india por lo que no deja de ser chocante que el presidente Biden haya decidido conmemorar oficialmente el día de los pueblos indígenas, señalando las “atrocidades" causadas por la conquista. Los malos de las películas ya no son los indios; ahora somos los españoles. Pero no ha pedido perdón por las masacres cometidas por sus antepasados.

En 1913, Faustino Rodríguez-San Pedro, presidente la Unión Iberoamericana, propuso una celebración que impulsara la unión entre España y Ios países de lberoamérica eligiendo el 12 de octubre que se denominaría Día de la Raza, nombre que emplearon sin problema, por poner dos ejemplos representativos, Manuel Azaña, presidente de la II República Española y Juan Domingo Perón, presidente de Argentina y fundador del partido gobernante en este país y que no vacilaba en acusar de “imperialistas" a los detractores de la Conquista española de América. El Descubrimiento se ha considerado, hasta hace poco, como el “encuentro de dos mundos" del que nació un mestizaje fruto de la confluencia entre dos razas y dos culturas, la blanca española y la indígena. En 1981, dicha fecha se convirtió en España en Fiesta Nacional y Día de la Hispanidad.

En los últimos tiempos, coincidiendo con el auge de los populismos, la sociedad se ha radicalizado fomentándose el odio, la división y el enfrentamiento, a menudo violento, entre diversos colectivos. Mientras nos entretienen discutiendo de un pasado lejano que tergiversan y que no puede cambiarse por mucho que persistan en el empeño, nos distraen del presente y del futuro para llevar a cabo sus propósitos. Ya lo dice la máxima latina:

“Divide y vencerás”.

Estoy muy preocupado

Y estoy preocupado porque Alcañiz languidece mientras su alcalde se va promocionando por los medios de comunicación como un rey sol que si él alumbra cree que sus ciudadanos se deslumbran.

Dijo que con sus contactos con empresarios del IBEX iba a traer empresas a Alcañiz. Me lo dijo a mí. Dijo que Moto GP iba a servir para traer al palco a grandes empresarios de España para mostrarles las ventajas de invertir en Alcañiz. Me lo dijo a mí. Dijo que el modelo para Alcañiz iba a ser Florencia. Me lo dijo a mí. Dijo que iba a peatonalizar Alcañiz. Me lo dijo a mí. Tambíen dijo que Alcañiz iba a ser el próximo Silicon Valley. Se lo dijo al escritor Manuel Vilas para que lo publicara en El País. Dijo que en Alcañiz no había 200 personas para trabajar si venía una empresa como Amazón. Eso lo dijo en Radio Nacional de España. Dijo que iba a solucionar el problema de la suciedad de Alcañiz comprando dos sopladores. Eso lo dijo en La Vanguardia.

La lista es muy larga, pero todo se reduce a una cosa. Decir a cada uno lo que le gustaría oír.

Las empresas que estaban instaladas en Alcañiz, sin plan MINER, ni nada, se van. Se han ido dos a Calanda. Calamocha, que no está tan lejos, va crear un matadero con 1.000 puestos de trabajo, Teruel está siendo un referente para empresas, no hablo de más funcionarios. Hay otras poblaciones como Samper de Calanda donde se instala una empresa con 15 puestos de trabajo, una empresa se instala en Urrea de Gaén con una inversión de dos millones de euros y la creación de 50 puestos de trabajo. Son datos de los que me acuerdo de memoria referentes a este año.

De Alcañiz se van. El señor Urquizu dice en el pleno del Ayuntamiento que el alcalde de Calanda había sacado una nota de prensa “desafortunada”. Una nota de prensa correctísima. Y además dice que cuando se encuentre con el alcalde de Calanda “se lo pienso decir... porque yo voy de cara”. Una brabuconada que me recuerda a mi niñez cuando algunos adolescentes de Alcañiz se peleaban con los de Calanda por ser de Calanda. Si le va a decir algo a la cara, que sepa el alcalde de Calanda, que a mí este señor Urquizu no me representa con esos modales. Si tengo oportunidad felicitaré al alcalde de Calanda porque hace lo que debe hacer un alcalde por su pueblo.

A Alcañiz no vienen empresas. Se van. Pero el señor alcalde de Alcañiz ha estado en la inauguración de una nueva empresa. Sí, la empresa alcañizana Transverich también amplió su empresa en junio de este año.

La amplió construyendo un lavadero en Fuentes de Ebro, creando seis nuevos puestos de trabajo. En la inauguración de otra empresa que amplía fuera de Alcañiz, estuvo el señor Ignacio Urquizu.

Sólo nos va a salvar que muchos alcañizanos van a trabajar en estas empresas que otros alcaldes llevan a sus pueblos.

La tan traída reforma laboral

Es sabido que mientras más te mueves, al caer en arenas movedizas, más te hundes. Y así las reformas laborales, compuestas de los conceptos invariables, y realizadas por quienes roban a sus padres sin caérseles la cara de vergüenza, reproduciendo inercias, venidas desde los pretorianos y más atrás, no hacen más que contagiar e instalar la corrupción, con facilidad. Todas se cimentan en las miserias humanas, básicamente en robar y matar, llegada la situación, que llega, como es natural, dadas las premisas de la producción y reparto de tareas y productos y servicios. No hacen falta médicos rurales, que atienden de mala gana, hace falta conocimiento y habilidades para administrar cuidados sanitarios, y si no lo hacen especialistas, ya se está tardando en incluirlos en la educación general básica; no digamos obligatoria, que causa rechazo. A cualquier edad se pude aportar con la actividad que cada cual puede desplegar, sin presión, como entretenimiento o terapia contra la demencia senil por pasividad u holgazanería. No es menester colocar mujeres, con calzador, lo que ha quedado suficientemente demostrado, incrementa el número de estorbos, déspotas, manadas, y toda suerte de abusos, degeneración y deshumanización, entre otras catastróficas desdichas; conocidas y estructurados los trabajos, se reparten entre todas las personas, sin atender a género, y menos el ladrón. Y cómo le sucedió a Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer, es mejor para todos y cada uno, ser un típico americano, un "self made man" cuya vida transcurre por mil oficios dispares. Lo que trae la ruina es la haraganería y el robar, como muy bien describió Truman Capote, en A sangre fría.

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